Más fantasía y menos rutina en favor del sexo

¿Sumisas?
Puesto que, mientras que no se traspase las fronteras de la imaginación, no existe peligro de que ocurra nada que no se desee, la fantasía erótica permite que el individuo sea más atrevido para saltarse los convencionalismos de lo que es en la realidad. Una relación sexual con otra mujer es la práctica más numerosa en las ensoñaciones libidinosas de las españolas, al igual que se ha comprobado en investigaciones realizadas en Francia o Estados Unidos, lo que se explica, en parte, si se tiene en cuenta que los medios audiovisuales siguen mostrando el cuerpo femenino como el gran objeto del deseo.
A los treinta y tantos, quizás porque es una fase en la que están muy cansadas, muchas españolas se ven atadas, con ojos vendados, dejándose hacer por uno o varios hombres, casi siempre desconocidos. Este factor de dominación en las fantasías femeninas es un recurso que, además, libera la culpa respecto al deseo sexual de una educación que lo reprime. La tradición judeocristiana ha transmitido la idea de que las mujeres son seres asexuados y que la excitación no forma parte de su naturaleza. La liberación femenina ha paliado el efecto de estas creencias, pero no del todo. Cuando imaginan que son obligadas a ejecutar actos sexuales por la fuerza, ceden la responsabilidad de lo que sucede. Es culpa de quien la domina, de quien la ata, de quien la violenta; no de ella.
Y aunque la mayoría de las mujeres adopta el papel de sumisa en sus fantasías y el de pasiva en la realidad, también hay quien acaricia la idea de convertirse en una estricta gobernanta.
Con la pareja
Suelen ser los varones quienes creen que podrían llevar sus fantasías a la realidad, confundiéndolas con deseos reprimidos. Los juegos en los que se interpretan roles son muy apetecibles para practicar en pareja. Resultan divertidos y son de lo más inofensivos: preparar un personaje, con el look y la conducta adecuada ejercita la creatividad, y ya metidos en el papel, se descubren facetas ocultas muy excitantes propias y del otro. Planificar un encuentro como si los amantes fueran dos desconocidos que acaban en la habitación de un hotel es una posibilidad. También la escenificación de juegos entre paciente y médico, prostituta y cliente, alumna y profesor, o jovencita pervertida por hombre experimentado.
En el juego de roles, un elemento añadido, tan manido en el cine porno, es el de los uniformes, sobre todo en las fantasías femeninas: las batas de médicos y enfermeras o los uniformes militares. Según la antropóloga Pilar Cristóbal, “el uniforme es símbolo de poder. Este puede estar representado en el poder que emana de la autoridad, el mando que ejercen los militares por ejemplo, en cuyo caso, cuantos más galones, más atractivos, y el poder de la sabiduría, los sacerdotes de todas las tribus, que simbolizan las batas blancas. También la ostentación de un estatus económico alto es un incentivo sexual. En hombres y mujeres, la atracción por alguien de una jerarquía superior remite al padre o la madre dominante”.
No existen fórmulas válidas para todo el mundo, así que la primera regla para saber qué despierta el deseo del amante es escuchar al otro y conocerse mutuamente, y ser sincero, no entender los gustos y apetencias de la otra persona como algo raro o patológico, ni tampoco ceder contra las propias apetencias. “La lectura en común de libros de sexología puede dar pie a hablar de lo que nos gusta o no en materia sexual. Es un terreno difícil de tratar para casi todas las parejas”, apunta la sexóloga Eva Moreno.
Hay personas que tienen unas relaciones sexuales que se apartan de los convencionalismos sociales, como quien practica el intercambio de parejas y el sexo en grupo. Pero no son la mayoría. Casi todos echan de menos un poco más de juego e imaginación, y si tienen que optar por algo, se prefiere la infidelidad al intercambio. Lo que sí se practica cada vez más es el sexo virtual. Internet está abriendo posibilidades donde la gente se siente más libre para expresarse y contar qué le pone.
Y algo en lo que coinciden hombres y mujeres: que se combine el sexo tierno y lento con el salvaje, encontrarse con un escenario de cena, velas y música un día, y que otra vez se sorprendan con un ataque más inesperado. En definitiva, no caer en la rutina.°
Sonsoles Fuentes es coautora de Lo que de verdad nos pone (Temas de Hoy)








