04/05/2008
Cuando la vida estable no mata la pasión
Texto de Sonsiles Fuentes
Ilustraciones de Meritxell Duran
La pasión parece activarse en la medida que falta seguridad. La estabilidad, la confianza, roba erotismo a las relaciones de pareja. Por eso, recuperar las ganas y volver a entenderse requiere empeño y un poco de riesgo
Proposición nada indecente
Reavivar el deseo del otro implica escucharle y tomar nota de lo que le estimula. La terapeuta Flavia Limone propone un ejemplo: vemos en una película que la protagonista desgarra la camisa del amante, y él comenta que eso le gusta. Se guarda en la memoria o en una libreta para sorprenderle con la escena. Para no destrozar una buena prenda, puede pedírsele que se ponga una camisa vieja a la que previamente se han cosido los botones con muy poco hilo, de modo que facilite la tarea. Además de generar una situación erótica, le estamos comunicando al otro que tenemos en cuenta esas pequeñas locuras que le hacen feliz.
Un par de cajitas en las que guardar mensajes con nuestros deseos evitarán que nos pasemos la vida esperando a que el otro los adivine. Cada cual va llenando su caja de papelitos en los que ha escrito el regalo que quiere recibir alguna vez: un masaje con aceite de almendras, ser sorprendido en la ducha, despertarse con su canción favorita, untar de chocolate las zonas erógenas para que las deguste… La pareja puede acordar la frecuencia con la que abrirá la cajita del otro y hará realidad una de esas fantasías: cada semana, una vez al mes… Si se trata de un deseo que no puede ponerse en práctica en esa ocasión, se guarda de nuevo y se extrae otro.
Una llamada de teléfono, un mensaje al móvil o un correo electrónico son vías rápidas para sorprender al otro y contarle qué nos apetece hacer esa noche. El tono del lenguaje que se utiliza también es importante. No hablamos del mismo modo cuando estamos solos que delante de los niños. A veces puede ser romántico, otras picante, y no falta quien se excita cuando oye alguna obscenidad.
Retomar algunas conductas de la primera etapa de la relación permitirá recordar su lado más erótico: sentarse en la fila con menos público del cine para acariciarse, tocarse bajo la mesa del restaurante o en el descansillo de la escalera antes de entrar en casa…
Se trata, en definitiva, de poner energías para que el otro se sienta deseado, amado, y que uno mismo recuerde que le gusta su pareja.
Reavivar el deseo del otro implica escucharle y tomar nota de lo que le estimula. La terapeuta Flavia Limone propone un ejemplo: vemos en una película que la protagonista desgarra la camisa del amante, y él comenta que eso le gusta. Se guarda en la memoria o en una libreta para sorprenderle con la escena. Para no destrozar una buena prenda, puede pedírsele que se ponga una camisa vieja a la que previamente se han cosido los botones con muy poco hilo, de modo que facilite la tarea. Además de generar una situación erótica, le estamos comunicando al otro que tenemos en cuenta esas pequeñas locuras que le hacen feliz.
Un par de cajitas en las que guardar mensajes con nuestros deseos evitarán que nos pasemos la vida esperando a que el otro los adivine. Cada cual va llenando su caja de papelitos en los que ha escrito el regalo que quiere recibir alguna vez: un masaje con aceite de almendras, ser sorprendido en la ducha, despertarse con su canción favorita, untar de chocolate las zonas erógenas para que las deguste… La pareja puede acordar la frecuencia con la que abrirá la cajita del otro y hará realidad una de esas fantasías: cada semana, una vez al mes… Si se trata de un deseo que no puede ponerse en práctica en esa ocasión, se guarda de nuevo y se extrae otro.
Una llamada de teléfono, un mensaje al móvil o un correo electrónico son vías rápidas para sorprender al otro y contarle qué nos apetece hacer esa noche. El tono del lenguaje que se utiliza también es importante. No hablamos del mismo modo cuando estamos solos que delante de los niños. A veces puede ser romántico, otras picante, y no falta quien se excita cuando oye alguna obscenidad.
Retomar algunas conductas de la primera etapa de la relación permitirá recordar su lado más erótico: sentarse en la fila con menos público del cine para acariciarse, tocarse bajo la mesa del restaurante o en el descansillo de la escalera antes de entrar en casa…
Se trata, en definitiva, de poner energías para que el otro se sienta deseado, amado, y que uno mismo recuerde que le gusta su pareja.
de: Ro | 30/11/2008
A follar tothom!
de: Pilar | 09/11/2008
Por si algun día lo necesitas!!!!
de: Wendy | 12/05/2008
Después de más de 3 años de relación con mi pareja estoy sintiendo falta de deseo sexual. !Y eso me asusta! Su artículo me ha servido para encontrar las fallas que tenemos y que ocasionan la falta de apetito, es sin duda LA MONOTONÍA Y LA RUTINA. No tenemos hijos, así que esta semana pondré en práctica sus consejos. Al ir leyendo se me han ocurrido un par de cosillas... FELICITACIONES POR SU ARTÍCULO y Revista. Saludos desde México.







