Arte al natural

02/06/2013

Texto de Begoña Corzo
Fotos de José Hevia
  • El edificio está semienterrado, para mejorar la eficiencia energética y siguiendo “una estrategia de fragmentación y a la vez disolución de los límites entre paisaje y arquitectura”, explica el arquitecto Toni Montes

  • El estudio de la artista Lara Ríos se ha concebido como una fábrica, con lucernarios en la cubierta metálica y suelo de hormigón natural. La estructura del techo evita que el sonido reverbere.

  • El salín cuenta con una chimenea de Coderch situada sobre una bancada de obra con sobre de hierro. El suelo, como el de toda la casa, es de hormigón de color mostaza. Por debajo discurre la calefacción por suelo radiante, de modo que el rendimiento de esta no se ve disminuido por un pavimento superpuesto.

  • La vivienda y el estudio establecen múltiples relaciones con el entorno. En la fachada sur, donde la casa, el zaguán y el pabellón de invitados se alinean con el terreno, los paños opacos se resuelven con una fachada ventilada de pino envejecido que facilita la integración del edificio en el terreno.

  • 5-6/ El interiorismo, de Laia Isern, tiene el mismo espíritu que el conjunto del proyecto: soluciones simples y continuas que ceden el protagonismo a la luz y las vistas. Destacan los muebles de chapa de hierro, funcionales y ligeros, de Manolo Díaz Ruisanchez (metalistería Alfer), como la isla de la cocina o el armario del lavabo. Las lámparas son de los años cincuenta

Fotos
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¿Qué ocurre si se unen una vivienda y una nave industrial? El resultado puede ser tan plástico como útil y eficiente energéticamente, y la muestra es este proyecto del estudio F451 Arquitectura y Laia Isern, arquitecta responsable del diseño interior.

Esta construcción, situada en Gijón, es un encargo de la artista plástica asturiana Lara Ríos, que pidió tres zonas independientes –vivienda, taller y casa de invitados– que pudieran compartir espacios comunes cuando se necesitase.

Los arquitectos hicieron un híbrido de dos tipologías, la vivienda moderna y la nave industrial con luz cenital, en un volumen único que relaciona las dependencias. El edificio emerge del terreno en un extremo, se alinea con el jardín en el centro y termina en voladizo en el lado oeste. Vivienda y estudio convergen en un zaguán exterior bajo cubierta que los comunica con la casa de invitados y sirve también de regulador climático. Todos los espacios tienen doble orientación, iluminación y ventilación cruzada, y el tamaño y la ubicación de las aberturas enmarcan las mejores vistas.

El edificio está formado por un caparazón metálico visible en el interior, un manto térmico de 10 cm de espesor que envuelve el volumen y un acabado exterior de estuco flexible sobre resinas armadas con mallas de fibra. Paramentos de termoarcilla refuerzan el aislamiento y dotan al edificio de inercia térmica hacia el interior. En el ala de invitados, una cubierta ajardinada reemplaza el manto térmico y establece la continuidad entre el terreno y el edificio, a la vez que proporciona un aislamiento equivalente.

“La eficiencia energética es una responsabilidad tan grande como que la arquitectura se sostenga, no deber ser un argumento de venta, sino un requisito básico”, explica el arquitecto Toni Montes.

Tres principios ayudan a reducir el consumo energético: una gran capacidad aislante en la piel exterior, una buena inercia térmica en la piel interior y la posibilidad de crear ventilación cruzada en todas las estancias. De este modo, el consumo energético de los 330 m2 de este edificio es equivalente al de una vivienda convencional de unos 60 m2.
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