En un club de golf
- 1.La fachada está revestida de piedra negra y mortero monocapa. El jardín se divide en tres zonas: un porche junto a la cocina con un comedor exterior, una zona de césped y la piscina, rodeada de madera de ipe. Todo el perímetro junto a la valla exterior está recubierto con piedra de mármol blanca para que contraste con la madera y el verde del césped.
- 2.En el salón, sofá tapizado, sillones en piel y mesas lacadas en blanco, todos de Rafemar. El mueble del que cuelga el televisor está hecho a medida y diseñado por las interioristas. Se trata de un panel de DM tratado con pintura a base de virutas de hierro para darle un aspecto de metal oxidado sin tener el inconveniente del peso de este material. El estante es una antigua viga barnizada, con patas de acero inoxidable.
- 3.En la pared roja de la cocina, grafismos con palabras relacionadas con la alimentación, obra de la pintora Lidia Rochet y Pep Civit. El mobiliario es de color blanco con un sobre de Silestone color gris nube. La mesa tiene estructura de hierro lacada en blanco y sobre de cristal. Las sillas, de Pedrali, son de metacrilato rojo.
- 4.En el porche, mobiliario de exterior modelo Na Xemena, de Gandia Blasco, en aluminio anodizado y polietileno. La pérgola de madera cuenta con un toldo motorizado.
- 5.Los cabezales de las camas infantiles se han tapizado con un diseño de las interioristas. El mural de la pared es obra de Lidia Rochet y Pep Civit.





Reportaje
Palmeras, olivos, sauces y una variada vegetación silvestre rodean esta segunda residencia, situada en una colina de una urbanización del club de golf Costa Dorada. Francis Carbó y Alexandra Font, de Mantequilla Negra, encargados del proyecto de interiorismo, apostaron por una casa cómoda, con muebles que no buscaran protagonismo por sus colores, con zonas amplias y despejadas, y el blanco como color principal.
La casa, obra del arquitecto Carles Espinós, se distribuye en dos plantas, más un sótano con garaje. La planta baja, de 133 m2, acoge la zona de día, con grandes cristaleras abiertas al jardín, y una habitación de invitados. En la planta primera, de 119 m2, están las habitaciones: una suite con vestidor, un dormitorio infantil y una habitación de juegos, todas con vistas al jardín, además de una zona de estudio que aprovecha el distribuidor.
Aunque la fachada principal, de piedra negra y mortero monocapa, es muy austera, la zona posterior destaca por el color y la luz. En este área se ubican un jardín de 500 m2 y la piscina, rodeada de madera de ipe. Piedra de mármol blanca envuelve todo el perímetro, en contraste con el verde de los setos y la madera de la piscina.
El color predominante es el blanco, con toques de azul hielo y marrón chocolate en techos y en alguna pared. En la cocina, en cambio, se rompe la uniformidad cromática con una pared pintada de rojo que proporciona energía a la estancia. Las cortinas, de screen blanco, están motorizadas y permiten ver el exterior, pero son opacas desde fuera.





