Con pasado de bodega
13/11/2011
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Los dormitorios y los baños se encuentran en una serie de cajas suspendidas. El sistema de sujeción consiste en cubos de acero que cuelgan de la cubierta, fuertemente anclada a los muros perimetrales, reforzados con ménsulas.
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Las paredes de toda la casa van enlucidas en blanco, y el suelo es de madera de tono claro. En el interior predomina el blanco, para potenciar la luminosidad en todas las direcciones de la vivienda.
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Grandes paneles de vidrio abren visualmente las habitaciones hacia los pasillos que forman las escaleras de acceso. A la vez se mantiene su privacidad, pues quedan cerradas hacia la sala principal de la planta baja. En los muros perimetrales del edificio, tres ventanas situadas frente a los cierres de vidrio de las habitaciones permiten tener vistas hacia el exterior.
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Cuatro escaleras adosadas a los muros perimetrales de la edificación ascienden a las diversas estancias de la planta superior. Quedan ocultas tras delgados tabiques, cuya altura se interrumpe bajo los dormitorios. Actúan como segunda pared muy próxima a la de fachada, formando una suerte de sándwich de dos muros con la escalera en medio. Las barandillas son también de vidrio para ganar transparencia, luz y visión.
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La fachada principal de entrada y la posterior se orientan a este y oeste y cuentan con grandes aberturas, cerradas con vidrios y portones. Las carpinterías son de aluminio. Se ha construido una piscina en la parte trasera de la casa. Situada al sudeste de la parcela, sobre ella recaen las primeras luces del día. El exterior de la vivienda se ha pavimentado con losas de piedra.
La planta baja, donde se encuentran la sala y el comedor, se ha concebido como un único espacio donde se vislumbran dobles alturas y también la bajocubierta, entre el juego de cubículos suspendidos. Las habitaciones-caja más pequeñas se encuentran orientadas al sur, de modo que dejan pasar la luz hasta las posteriores, más grandes. Todo ello genera un sugestivo juego de zonas de luz y de sombra. Siguiendo esa primera inspiración, los arquitectos han recreado con plena libertad y buenas dosis de poesía la antigua nave de almacenaje.
En la gran sala de la planta baja, que mide unos 130 m2, quedan ocultos, tras dos tabiques paralelos a los muros de las fachadas longitudinales, la cocina, la despensa, el baño y los accesos de comunicación, como son las escaleras. Con ello, el alargado espacio central aparece totalmente despejado y se distinguen con claridad la zona común y pública de la casa y los lugares más privados e íntimos.
La forma sobria y arquetípica del edificio preexistente, construido a partir de gruesos muros de piedra y un tejado a dos aguas soportado por una estructura de madera, se ha preservado tras la reforma. Y también se ha mantenido la estricta simetría de sus dos fachadas frontales, con el característico ojo de buey superior y los marcos de puertas y ventanas festoneados con piedra.
El proyecto de esta vivienda, que se encuentra en Portugal, quedó finalista en el premio Unión Europea Mies van der Rohe de arquitectura contemporánea.








