17/08/2008

Innovador techo inclinado

Texto de Marta Rodríguez Bosch
Fotos de Roland Halbe

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    1. Las estancias se sitúan en la planta superior para disfrutar de las mejores vistas. Las cubiertas inclinadas en el exterior son de plancha de cobre. En la planta inferior están la piscina y las dependencias de servicio y de invitados. Todas las estancias que dan a la fachada principal, excepto el dormitorio principal, quedan algo retiradas hacia el interior. Se comunican tanto a través del pasillo interior como de la terraza cubierta exterior.
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    2. Entre la zona común, donde están el comedor y la sala, y el área de dormitorios, hay un espacio de estar abierto, aunque bajo techado, que permite relacionarse de un modo más directo con el exterior, pero estando a resguardo. Establece también un tránsito entre la zona de día y la de noche.
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    3. El dormitorio cuenta con una gran chimenea y un amplio ventanal abierto al paisaje.
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    4. El salón también disfruta de grandes cerramientos acristalados. Parte de la cubierta es de cristal, para que entre más luz y se vean las copas de los árboles. Una chimenea exenta separa la sala del comedor.
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    5. Las paredes del baño están alicatadas con baldosa cerámica blanca. El suelo de madera aporta calidez y es el mismo que en el resto de la vivienda. La bañera está forrada también de madera.
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    6. La cocina se ha organizado a partir de dos franjas de muebles dispuestos en paralelo. Al fondo de la cocina, una cristalera le procura vistas de la naturaleza circundante.
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Reportaje

El nombre de este proyecto, casa Techos, tiene mucho que ver con las ordenanzas locales en materia de construcción, sobre la pendiente mínima que deben tener las cubiertas de las casas, en este caso 26°. Situada a orillas del lago Nahulhuapi, al sur de Argentina, el arquitecto Mathias Klotz se centró en cumplir la normativa y al mismo tiempo lograr que el sol entrara en la casa, y que desde el interior se gozara de buenas vistas sobre el magnífico entorno. De este modo, la vivienda queda elevada sobre una gran peana o zócalo para poder disfrutar de los coligues –los árboles autóctonos bicentenarios– y de las aguas del lago. En la zona baja de la casa se sitúa una piscina cubierta.
La cubierta se ha resuelto mediante una serie de pequeños techos que dejan que la luz del sol penetre desde arriba. Esta iluminación cenital crea una nueva calidad de luz y vistas inusuales de los árboles y del cielo. La fachada principal está prácticamente toda acristalada, lo que confiere a la vivienda gran ligereza, un efecto que se acrecienta al quedar todas las estancias, excepto el dormitorio principal, algo retiradas de la línea de fachada. Las vigas y los pilares que sustentan la cubierta se han dejado a la vista. Ello remarca las distintas estancias y crea un secuencia que ordena visualmente el interior. Paralelamente, la madera que reviste el suelo y los techos aporta una gran calidez. La edificación se apoya en uno de sus extremos sobre el terreno, mientras que en el otro queda flotando, lo que ha permitido crear un porche en el jardín inferior. El hormigón, la madera y el cobre se han empleado, según el arquitecto, con la intención de integrar la casa en el entorno.
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