21/09/2008

Espacios mínimos

Texto de Marta Rodríguez Bosch
Foto de Antonio Corcuera
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    El pavimento de la sala, el comedor y la cocina es de tarima de caoba contrachapada de 1 cm de grueso, igual que la tarima donde queda encajado el sofá y las escaleras que ascienden al dormitorio. Al fondo, la zona del comedor, con mesa, banco y alacena construidos a medida con DM lacado en color blanco roto. Un tono copiado de la baldosa cerámica utilizada para revestir el cuarto de baño, en la segunda planta.
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    La cocina se puede cerrar mediante paneles correderos de vidrio traslúcido. Uno es fijo, y los otros dos, móviles. Cuando se abren, quedan apilados sobre el primero. Los muebles son de DM lacado. En la parte superior, los armarios llevan persianas de aluminio.
  3. 3.
    El lavamanos queda a la vista, en la zona de acceso al espacio de la cama. A mano izquierda, un panel de vidrio cierra la ducha. El suelo de la zona de aguas es de baldosa cerámica blanca rectificada, es decir con cantos rectos, para marcar menos las juntas y fomentar la continuidad visual de la superficie.
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    El suelo del dormitorio es de madera de caoba y se prolonga en un tramo de pared que configura el cabecero.
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    Los arquitectos han dotado a esta vivienda, y a dos contiguas, de un sistema de iluminación con tres opciones de color para que sus habitantes puedan crear distintos ambientes lumínicos
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Reportaje

La reconversión de este antiguo almacén de material farmacéutico en vivienda es un ejemplo de cómo las ciudades evolucionan y con ellas el destino que se da a diferentes lugares. La casa está situada en un barrio de Madrid construido en la década de los 60, próximo al de Salamanca, donde con los años los almacenes y talleres se fueron trasladando a las afueras de la ciudad, dejando muchos locales vacíos. Los arquitectos Jaime Gaztelu y Mauricio Galeano, del estudio James&Mau, autores del proyecto, defienden este tipo de transformaciones y reivindican que no se conviertan en una aventura kafkiana a la hora de obtener la legalización del cambio de uso. Gaztelu, que cuando inició la rehabilitación acababa de llegar de Holanda, donde muchos bajos de edificios son habitables, opina que hay que desdramatizar la idea de privacidad y sacar partido a todas las ventajas y los atractivos que suponen estos espacios. Una chapa metálica exterior protege la fachada vidriada e impide que durante el día los transeúntes vean el interior, a la vez que deja entrar abundante luz natural.
La vivienda, bautizada por los arquitectos como Miniloft, cuenta con 44 m2 y se le ha dado un tratamiento unitario y compacto con los materiales y colores, pero también con el diseño del mobiliario, hecho todo a medida e integrado en la arquitectura con gran creatividad. El sofá de la sala queda encajado y enrasado con una plataforma de madera elevada sobre el suelo, que agranda la zona de asiento o bien funciona como mesilla auxiliar. El pie de la mesa del comedor es un plano triangular que permite estirar las piernas. Al ser una superficie plana, se mimetiza con los propios planos de la arquitectura interior.
En el dormitorio, el espacio se ha aprovechado al milímetro. Se abre hacia el resto de la vivienda y a la vez cuenta con recursos para ganar privacidad. Situado en un altillo, queda separado de la sala a doble altura por un armario abierto por ambos lados que sobresale para ganar amplitud. Esto permite que la luz natural llegue hasta allí, y la propia ropa colgada de las perchas actúa como cortina y filtro respecto al ambiente principal. Una pasarela conduce a un altillo complementario encarado a la fachada acristalada, que aloja un pequeño despacho y un sofá cama. Es de vidrio de seguridad transparente y se apoya sobre una estructura metálica pintada en blanco, que se confunde con el ambiente nítido de paredes y techos.°
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