11/05/2008

Extra casa

Techo escultura

Texto de Marta Rodríguez Bosch
Fotos de Michael Moran
Coordinación de Begoña Corzo
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    Las paredes son blancas, y las puertas están lacadas en este mismo tono, con acabado iridiscente. La mesa de la sala, diseñada especialmente, incorpora leds; se inspira en el claro de luna y refleja su luz azul hacia el techo.
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    El cabecero es un diseño hecho a medida por Morris Sato Studio.
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    El respaldo del sofá está tapizado con piel de pelo de caballo teñida en azul. La alfombra de la sala delimita esta área y se introduce en el dormitorio atravesando del tabique curvo. El recorte del cielo raso en esa zona de tránsito se estrecha hasta formar una banda y traza un camino hacia la habitación.
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    El baño es totalmente blanco. El espejo cubre toda la pared para ampliar visualmente esta reducida dependencia
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Reportaje

La isla de Manhattan sigue siendo pionera en la reconversión de espacios urbanos: hace unas décadas, transformando edificios industriales en vivienda, los lofts; ahoran reciclando otras tipologías, como este antiguo convento católico edificado en los años treinta del pasado siglo. En pleno centro de Manhattan, en el distrito conocido como Hell’s Kitchen, este apartamento de 53 m2 ha sido proyectado por los arquitectos Yoshiko Sato y Michael Morris (licenciados en 1989 por la Cooper Union School of Architecture y con despacho en Nueva York desde 1996) como si se tratara de un paisaje interior. La vivienda –residencia no permanente de un ejecutivo que vive en Los Ángeles– está en la cuarta planta y dispone de ventanas en tres de sus lados. Desde una de ellas se divisa el río Hudson.
Con el fin de insuflar al espacio una unidad dinámica, el estudio Morris Sato diseñó un techo escultural que actúa como extenso polo de atracción visual. Se abrió el cielo raso y se dejaron al descubierto las vigas y el forjado, y con estos elementos estructurales lograron el efecto plástico buscado. La iluminación incorporada a esta gran moldura contemporánea proporciona un juego de luces y sombras cenitales muy sugerente. En la zona de comedor también se ha integrado luz en el techo, con el modelado de una suerte de astro o gran huevo de yeso. Realizado con infinidad de capas aplicadas a mano, ilustra el gusto de estos arquitectos por las técnicas artesanales y lo hecho a medida y en exclusiva para cada lugar. El muro cóncavo con el que han definido la sala le procura una atmósfera recogida. Las paredes de la casa, en blanco, y las puertas de mismo color, pero con acabado iridiscente, incrementan la luminosidad en el interior. La elección del color azul para algunas piezas de mobiliario insufla intensidad al ambiente.
Con el tratamiento en conjunto y equilibrado de formas, colores y recursos de iluminación, Morris y Sato pretenden que las divisiones en la vivienda se desvanezcan y el interior se perciba como un espacio continuo. En este proyecto, los arquitectos destacan su voluntad de trabajar articulando los diversos elementos “en escalas íntimas y expansivas, que hacen referencia de forma abstracta al paisaje urbano y cósmico, más allá del interior de casa”.
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30 de noviembre
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