27/07/2008

Un gran lucenario

Texto de Begoña Corzo
Fotos de Gogortza&Llorella

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    El baño se ha pintado de negro. En el espejo se refleja la ducha, con una pared de cristal y una cortina verde de Ikea. El lavamanos es de Roca.
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    Junto a la escalera, la puerta de entrada. Detrás de la cocina está el lavabo y, sobre ambos, el dormitorio.
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    El suelo de la buhardilla es de laminado, más económico que el parquet. Para aprovechar la parte baja del tejado se han instalado cajones con ruedas.
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    El lucernario, de 17,5 m2 consta de siete ventanas practicables de Technal realizadas con el tipo de carpintería que se utiliza para los muros cortina. Están motorizadas para este proyecto por la empresa Tucsolan.
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Reportaje

Una buhardilla en un estado ruinoso y un presupuesto mínimo para rehacerla de arriba abajo hubieran desanimado a cualquiera. Pero la excepcional ubicación de esta vivienda, situada en el centro de San Sebastián, cerca de la catedral –en el casco romántico–, y “las grandes posibilidades del lugar” que adivinó el arquitecto Jabier Lekuona jugaban a su favor. Situado en un bloque de cinco plantas de principios del siglo XX, el piso era un espacio oscuro con una distribución “tradicional”: 50 m2 compartimentados por tabiques que delimitaban la cocina, el comedor, el baño, el dormitorio... Lekuona decidió derribar todas las paredes, para crear un espacio abierto de medianera a medianera, y abrir un lucernario de punta a punta de la casa.  “Queríamos liberar al máximo el espacio en planta –explica el arquitecto–, para que quedara una gran sala de medianera a medianera.” En caso de necesitad, este gran espacio se puede dividir en dos para crear, por ejemplo, un dormitorio infantil.
Para equipar el espacio diáfano, la primera idea fue diseñar a medida un único mueble que incluyera cocina, baño y zona de almacenamiento, “pero no había presupuesto, así que respetamos la distribución del proyecto original pero resolviéndola en lugar de con un mueble de diseño, con muebles de Ikea”.
De la vieja vivienda se conservaron las vigas y las jácenas, de madera de roble. Los nuevos tabiques de la casa son de cristal, como el que separa la cocina del baño. La mitad del techo del baño es también de cristal de seguridad con un marco de hierro. Sobre éste se creó un nuevo espacio donde se ubica el dormitorio, que vuela en parte sobre la cocina. La superficie que ocupa la cama –en un principio estaba pensado ubicar aquí un estudio– es de cristal opaco, y la mitad que vuela, transparente.
La parte del león de los gastos –unos 12.000 €– fue a parar al lucernario, un cerramiento de Technal de 7 x 2,50 metros mejorado por un metalista donostiarra, que realizó la motorización. “Se gastó el dinero en el lucernario, que era lo que valía la pena –indica Lekuona–; salió muy barato, para la porción de cielo de Donostia que compra”.
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16 de noviembre
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