14/09/2008

Reflejos de la casa de campo

Texto de Rosa Millet
Fotos de Miguel Guzman
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    1 y 2. Aspectos del salón y la cocina por la noche. Las mesas de centro del salón son de Cristalerías Bertanas. El sofá es el modelo Joker, diseño de Lievore y Pensi. El arquitecto ha creado un mueble –lacado en color gris– que permite albergar, ocultándolos, todos los equipos audiovisuales. Desde la cocina se puede gozar de la magnífica vista exterior o disfrutar de un programa de televisión o película en la gran pantalla que desciende, ocultando el cuadro de la artista madrileña Ángeles Calero. La cocina es de Versus Cocinas. Según las horas del día y la luz, los cerramientos de vidrio pueden hacerse transparentes o convertirse en planos reflectantes
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    El salón y la cocina forman un todo gracias a las paredes de vidrio utilizadas en este espacio, que se asoma al parque de la Casa de Campo.
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    A la izquierda de la fotografía, el acceso a la vivienda, separado del comedor por un muro de vidrio transparente. La lámpara es el modelo Skakti, de la firma Kundalini. La mesa ha sido especialmente diseñada por el arquitecto, y las sillas de policarbonato blanco son el modelo Catifa, de la firma Arper.
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    Despacho y dormitorio se comunican a través de una puerta corredera. El dormitorio, con una pared tapizada con una tela a topos de Gastón y Daniela, es extremadamente sobrio. Para que desde el despacho se pudiera gozar también de las vistas, Cazorla creó una ventana que comunica este espacio con el salón.
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Reportaje

Inundar la casa de luz y reflejos fue el principal propósito del arquitecto Ángel Cazorla, responsable de este proyecto. Los propietarios deseaban una vivienda con espacios amplios, abiertos y confortables, sin que nada obstaculizara las maravillosas vistas que tiene a la madrileña Casa de Campo. El arquitecto estableció tres objetivos: conseguir la mayor amplitud espacial posible manteniendo el programa original –tres dormitorios, baño, cocina y zona de estar-comedor–; obtener la máxima flexibilidad y funcionalidad, y potenciar las vistas para conseguir equilibrio entre el exterior y el interior.
Para ello, se combinó cristal y espejo, que inundan la casa de luz y reflejos. Según el ángulo de visión y la procedencia de la luz dependiendo de la hora del día, los tabiques se desmaterializan y se vuelven transparentes unas veces y otras se convierten en espejos. Se podría decir que vestíbulo, estar, cocina y comedor quedan separados sólo por reflejos. Desde la cocina se puede disfrutar de las vistas y ver una película en la gran pantalla instalada al efecto, igual que desde el salón. De día, las vistas a través del ventanal sumergen al espectador en un mar de copas de árboles verdes, mientras que por las noches, estas son sustituidas por la pantalla de proyección, que desciende de su plataforma y hace desaparecer un cuadro realizado por la artista madrileña Ángeles Calero. El resto de los materiales elegidos, además del vidrio, son el aluminio, la madera de iroco teñida y la pintura blanca. Para romper con la frialdad de estos materiales, se optó por un suelo de madera de abedul y mobiliario moderno en tonos claros con pequeños toques de color, con preferencia por el rojo.
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30 de noviembre
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