Viviendas enraizadas en el paisaje
Mallorca. La simplicidad del Campo
- 1.Las fachadas están acabadas con estuco a la cal en rojo terracota y ocre, un producto actual con nuevas prestaciones y más duradero. Las persianas mallorquinas, con el librillo fijo, son de aluminio plata. Una pérgola cruza el patio y une los dos edificios.
- 2.La piscina mide 16 m de largo, con un ancho que va de los 1,7 m a los 3 m. En el exterior se juega con la riqueza de acabados y formatos de la piedra. Tras el patio revestido con losas irregulares de piedra de Santanyí, se sucede una franja de gravilla suelta y otra de cantos rodados con argamasa de hormigón. El perímetro de la piscina es de roca de marés. Un muro de piedra seca, sin juntas, cierra la parcela.
- 3.Vista del salón. El suelo es de trispol, un hormigón continuo con larga tradición en Mallorca.
- 4.Fluorescentes ocultos en las cornisas procuran luz ambiente difusa que rebota contra el techo, con un sugerente efecto de franja luminosa. Los techos de los dormitorios llegan a los 4,5 m.
- 5.Las paredes del comedor están pintadas en blanco.
- 6.Las encimeras del baño y la zona de aguas son de piedra artificial.






Reportaje
Volúmenes simples, tonos tierra, piedra de la zona, piscina que recuerda las albercas del campo… En una primera ojeada, se podría pensar que esta vivienda siempre ha estado ahí: en el pequeño pueblo de Es Llombards, en el sur de la isla de Mallorca. Sin embargo, Casa la Pintora es una construcción totalmente nueva, donde los autores del proyecto –el despacho de arquitectura de Josep Boncompte y Guillermo Font, en colaboración con el arquitecto Arnau Panadés– han puesto en pie una edificación contemporánea que se acomoda al lugar con la tranquilidad del propio ambiente que se respira en este vecindario rural.
El encargo recibido fue construir una casa y taller para la pintora Conxita Boncompte, que pasa largas estancias en la isla, y una segunda edificación para cuando su familia la visita y para alquilar. Los arquitectos optaron por dos edificios adosados a los muros vecinos, separados y a la vez relacionados por un patio central. Cada uno de ellos se desdobla en dos volúmenes diferenciados: uno, de dos plantas con tejado inclinado a una vertiente, y otro, más bajo, con techado plano, para crear terrazas superiores que favorezcan la privacidad. Ese juego volumétrico se ve potenciado por la alternancia de tonos en fachada y enlaza con una práctica habitual en las casas de campo de crear anexos a medida que se necesitaban nuevos espacios.
Además de emplear materiales de la zona, se ha optado por acabados básicos y tradicionales de la isla, como son los suelos de trispol (hormigón continuo), que, curiosamente, hoy resultan muy atractivos al gusto contemporáneo. Las vigas son de hormigón con forma de tablón, y se han dejado en su tono natural gris. El techado es de bovedillas planas cerámicas, también en color natural.
En este rincón de la Mallorca rural, con un microclima que permite bañarse siete meses al año, la propietaria deseaba una piscina para practicar la natación. Su proporción alargada responde a esta petición y se ciñe al perímetro de la parcela, creando un eje longitudinal de agua que la cierra. Para el interior de la piscina se escogió un tono rojizo, como si se hubiera hecho una hendidura en la tierra, a fin de fundirla con el color de los campos vecinos.°
Luminosidad mediterránea
“Hemos intentado – explican los arquitectos– reinterpretar la arquitectura y el ambiente de las casas rurales mallorquinas en aspectos como la espaciosidad y la luminosidad, además de la relación con el exterior, pero desde una visión actual.” La distribución evita los pasillos y apuesta por espacios con techos altos.








