King's Cross

20/05/2012

Texto de Daniel Córdoba-Mendiola
Daniel Córdoba-Mendiola
Director estratégico en The hunter.info
dcm@thehunter.info
Ilustración de Meritxell Duran
King's Cross
Uno de tópicos que lidiar cuando alguien dice que se va a Londres es lo mal que se come. Entiendo el tema de la lluvia y acepto que los londinenses (los pocos que hay en Londres) son un poco especiales, pero ¿que se come mal? No way. Londres es una de las cocinas de referencia del mundo porque innova y crea tendencias desde las cadenas de restaurantes donde toda la ciudad acaba en un momento u otro. En ninguna capital del mundo uno puede hallar tal variedad de propuestas gastronómicas para todos los bolsillos y los estómagos.

Un ejemplo: ayer por la mañana fuimos a ver una exposición genial sobre el cerebro en la Wellcome Collection, uno de esos contenedores culturales con propuestas tan alejadas de tu día a día que hay que ir para oxigenarse un poco. Al salir aprovechamos para visitar el nuevo vestíbulo de King’s Cross, la estación de tren famosa en todo el mundo por su andén 9 y ¾ de Harry Potter.

Al centenario edificio le han construido una extensión ultramoderna que contrasta de modo genial con sus arcos victorianos. El lavado de cara le permite mirar directamente a los ojos al delirio neogótico que es la vecina estación de St. Pancras, puerta de entrada de los trenes que conectan Europa con el Reino Unido (y no a la inversa).

Más que cúpulas futuristas, lo que sorprende de las estaciones es su oferta de comida rápida. Treinta puestos ofrecen una versión accesible y más que decente de la cocina japonesa, francesa, libanesa, mexicana, tailandesa e italiana. Así, con un shawarma de halloumi, tomates al sol y olivas negras (4 euros) con zumo de granada (2 euros), recordé el asqueroso, congelado y servido a gritos sándwich de jamón y queso que comí anteayer en ese sucio rancho que es el restaurante de la estación del AVE de Atocha, en Madrid (8,5 euros). El día que dejemos de comer mejor en el fast food de una estación en Londres que en el restaurante de una de Madrid estaremos un día antes del final de esta crisis.
Neorromántico, neobarroco

13/05/2012

Texto de Daniel Córdoba-Mendiola
Daniel Córdoba-Mendiola
Director estratégico en The hunter.info
dcm@thehunter.info
Ilustración de Meritxell Duran
Neorromántico, neobarroco
¿Le ponen a usted los colmillos?¿Siente una atracción incontrolable por todo aquello que vaya en contra de lo normal, lo lógico, el progreso y lo que todo el mundo considera la verdad? ¿Es usted fan del chorreo constante de libros, películas y series que reinterpretan mitos clásicos con dosis de misterio, esoterismo y superstición? ¿Es la banda sonora de su vida una suma de canciones que empiezan de forma nostálgica y acaban con un subidón épico? ¿Quiere usted visitar Nueva Zelanda sólo por esa secuencia mítica del encendido de antorchas en las cimas de las montañas en la tercera parte del Señor de los anillos?

Si nada de todo esto le suena a próximo, quizás sea de aquellos que les mola lo teatralizado, lo exuberante y lo exagerado. ¿Quiere usted que su vida esté saturada de color y en la tele todo el mundo grite a la vez?¿Se siente a gusto entre multitudes, cuando uno tiene la sensación que no controla nada de lo que pasa? ¿Piensa que el mundo es de aquellos que, como usted, pisan la calle cada día? ¿Le gusta un atracón de Sálvame de vez en cuando? ¿Se siente más cercano a Belén Esteban o a Mario Vaquerizo que a Bella Swan o Frodo?

Si usted se activa con alguno de estos dos grupos, felicidades, no dude de que por donde pisa va marcando tendencia. Si algo tiene esta crisis que vivimos es que ha polarizado los dos colectivos que mejor capturan y expresan la temperatura social del momento.

Ambos tienen raíces en el pasado, remontándose a periodos de crisis o redefinición de modelos sociales y culturales en Occidente. Los primeros replican digitalmente los movimientos románticos, verdaderos maestros de la nostalgia y la penumbra. Los segundos reinterpretan desde el sofá el barroco, expresándose con todos los colores del estuche y las letras del abecedario. Y si piensa que nada de todo esto va con usted, no tema, las mejores tendencias las crean quienes menos lo buscan.
BMW Welt

06/05/2012

Texto de Daniel Córdoba-Mendiola
Daniel Córdoba-Mendiola
Director estratégico en The hunter.info
dcm@thehunter.info
Ilustración de Meritxell Duran
BMW Welt
En un viaje relámpago a Munich conseguí un par de horas para escaparme a ver el mastodonte arquitectónico que BMW se ha montado a su salud. A las puertas del Parque Olímpico, el gigante de la automoción alemán ha inaugurado recientemente un espacio en que la marca se pone de largo y muestra su herencia y presencia. Sus miles de metros cuadrados reúnen en un mismo techo la mayoría de las fantasías masculinas que no implican al sexo opuesto. Tecnología punta, restaurantes y coches, muchos coches. Coches deportivos, clásicos y de competición. Para jóvenes triunfadores, para no tan jóvenes con cargo que permite elegir vehículo… y algún que otro coche familiar pensado para quienes quieren darle al acelerador sin los niños y sentirse jóvenes y libres de nuevo. No obstante, lo que llama más la atención es lo que no se ve a primera vista y está destinado a convertirse en imán de tendencias. Escondidos en la planta superior hay unos espacios preparados para lo que ellos llaman Servicio de Entrega.

La marca sabe bien que cuando uno se agencia un coche de triunfador quiere que se lo den con una entrada triunfal. Cuando te compras un BMW, se te cita a una hora para entregarte el coche con toda su pompa y circunstancia. Uno llega acompañado con amigos y familiares más allegados para compartir la experiencia, se sienta en una sala y se prepara para ligarse al coche que ya ha comprado. La teatralización conlleva vídeos del coche en acción, algo para picar y una explicación…. Todo para generar expectativa cuando se abran las puertas y aparezca tu coche en una plataforma giratoria iluminada para que te hagas fotos y vídeos con él. Igual que en una feria del automóvil, pero sin azafatas ni niños pidiendo catálogos, la marca ha dado un giro genial al concepto de la entrega.

Así será el farde colectivo en un futuro inmediato, así que vayamos pensando qué queremos que nos entreguen de esa manera.
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