Pad

07/03/2010

Texto de John W. Wilkinson
Pad
La pugna, con ribetes bíblicos, entre Apple, Microsoft y Google por hacerse como sea con el grueso del negocio de las tabletas –¿de salvación?–, esos artilugios con aspecto de un iPhone gigante que prometen al usuario el oro y el moro, no ha hecho más que empezar.

Extremadamente delgado y ataviado con vaqueros y jersey negro de cuello alto, Steve Jobs, el amo de Apple, presentó al mundo a finales de enero el iPad, la tableta milagrosa que Moisés dejó olvidada en lo alto del Sinaí.

Pero ¿qué quiere decir pad? Además de compartir raíz etimológica con pod (vaina), significa, entre una tira de cosas, mohadilla o cuaderno, como así también plataforma de lanzamiento, que es lo que a Steve Jobs le fue de perlas durante la presentación de su nueva y revolucionaria creación.

No obstante, pad, como verbo, quiere decir rellenar o, cuando se trata de un libro, un discurso o la tableta de Apple, meter paja. Pues parece que a este iPhone realmente fenomenal que sirve para leer libros y periódicos, ver vídeos y películas, navegar y jugar, le falta el teléfono y la cámara. Unos pequeños detalles de nada que Jobs pasó por alto en el deslumbrante show promocional.

Del iPad se espera, entre otras virguerías, que impulse el mercado de los libros digitales y que haga de la prensa on line un negocio rentable. Deseos, desde luego, que no son moco de pavo. Gane Apple, Google o Microsoft, siempre habrá paja, mucha paja
Bonus

28/02/2010

Texto de John W. Wilkinson
Bonus
“¿Quiere usted un bonus?” Sin pensárselo dos veces, cualquiera contestaría que sí. Una persona cauta, no obstante, echaría primero un vistazo al diccionario de la Real Academia antes de comprometerse, pues puede que haya gato encerrado. Su búsqueda acabaría en un fracaso total, puesto que los académicos no reconocen esta palabra que los ingleses tomaron del latín bonus (bueno).

Aun así, se oye a menudo en la tertulias radiofónicas y se lee con frecuencia en la prensa española; muchas veces entrecomillada o en cursiva, a veces a cuerpo gentil. Suele utilizarse en referencia a banqueros y directores de grandes empresas: “Fulano percibirá un bonus de 100 millones”, dirán algunas publicaciones; unas afirmarán que se trata de un bono de 100 millones, mientras que otras asegurarán que no es sino una prima de esa misma cantidad, aunque también cabe la posibilidad de que alguna hable de una bonificación millonaria.

Y si la pregunta fuera, anglicismos aparte: “¿Quiere usted un bono, una prima o una bonificación?”, ¿cuál sería la respuesta más ventajosa para el afortunado empleado? Si se tiene en cuenta que bono suena a bonobús o deuda pública, y bonificación huele a algún tipo de descuento, solamente se salva prima, que la Real Academia define en su quinta entrada como “cantidad extra de dinero que se da a alguien a modo de recompensa, estímulo, agradecimiento, etc.”. Queda claro: optar por la prima no es hacer el primo.
Smart

21/02/2010

Texto de John W. Wilkinson
Smart
Maxwell Smart, el Superagente 86 de la serie de televisión de los años sesenta Get Smart, era todo menos smart (listo, inteligente, hábil, ingenioso, despabilado). La Warner Bros estrenó en el 2008 un largometraje basado en la serie original creado por Mel Brooks, con Steve Carell y Anne Hathaway como protagonistas; pasó sin pena ni gloria.

Ahora anuncian un segunda parte para el 2011, pero si esta también carece de la magia del original, no parece una idea demasiado smart.

Mercedes Benz sí acertó cuando bautizó el cochecito de ciudad por excelencia Smart, ya que este nombre, además de significar inteligente, también quiere decir elegante, de buen tono, fino. Es de suponer que los propietarios de este modelo de Mercedes se sienten tan inteligentes como elegantes.

Los titanes Microsoft, Apple y Google luchan sin tregua por hacerse con la mayor parte del mercado de los smartphones (teléfonos inteligentes, esto es, móviles dotados de sistema operativo y con capacidad de acceder a la web; algo así como ordenadores en miniatura). De hecho, todos los chismes que estas empresas sacan al mercado merecen el apelativo de smart, seguramente más que sus usuarios. Pero harían bien los fabricantes en recordar que un smart-arse es un sabelotodo, un insufrible sabihondo. De todos modos, en cuanto pagan el primer recibo, los usuarios aprenden que smart, como verbo, significa escocer, resquemar, dolerse.
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