Occupy

20/05/2012

Texto de John W. Wilkinson
Occupy
El movimiento aparentemente sin líderes, ideologías o doctrinas conocido como Occupy Wall Street nació el 17 de septiembre del 2011 en el parque de Zuccotti de Nueva York, a cuatro pasos de la bolsa. Allí se atrincheraron los indignados norteamericanos un par de meses, durante los cuales hubo de todo. Eso sí, lograron que su protesta diera la vuelta al mundo.

Sería interesante saber por qué eligieron el verbo occupy (ocupar) a la hora de bautizar la protesta, en vez de sinónimos más expresivos o contundentes como “capturar”, “conquistar”, “invadir”, “asaltar”, “adueñarse” o “apropiarse”. Es más, occupy también significa “entretener”, y en Estados Unidos be occupied es estar comunicando. De modo que parece que escogieron una palabra tirando a blandengue. Pero sólo en apariencia.

Resulta que en el los siglos XVI y XVII occupy quería decir fornicar, para decirlo de forma suave. Shakespeare lo deja muy claro en Enrique IV: “¡Un capitán! Por el amor de Dios que estos villanos harán que esta palabra sea tan malsonante como la palabra ‘ocupar’, que era excelente voz antes de que la malearan”.

Explica Joan Corominas en su diccionario etimológico que el verbo “ocupar” fue tomado del latín occupare, derivado del radical de capare o “coger”. ¿No explicaría esto por qué “coger” es verbo malsonante en América Latina, máxime en Argentina? ¿Y no será la razón por la que el movimiento del parque de Zuccotti optó por occupy en vez de por un sinónimo?
Swing

13/05/2012

Texto de John W. Wilkinson
Swing
Las elecciones primarias del partido republicano estadounidense son una inagotable fuente de anglicismos y neologismos de todo tipo que salpican a diario la prensa española. Uno lee que tal o cual candidato se lanza a conquistar los swing states, que son aquellos estados de poco fiar que suelen cambiar de color político en cada elección.
 
Eso de swing suscita alguna conexión con la música o el golf. Y, efectivamente, así es. Un swing es un columpio, y empleado como verbo sugiere su movimiento o una oscilación, balanceo, viraje o cambio. De ahí que los swing states oscilan cual péndulo entre los dos principales partidos políticos, o que en el golf sea el movimiento del jugador al ir a golpear la pelota con el palo. La música swing (ignorada por los diccionarios), en cambio, es un palo rítmico de jazz.

Asimismo aparece en la prensa el sustantivo swinger, en referencia al señor Strauss-Kahn, pues todo indica que es un hombre a quien le va la marcha, aunque tal vez promiscuo lo definiría mejor. Y también por eso se hablaba de swinging London, el supuestamente marchoso Londres de los años 60.

Sea como sea, como decía Duke Ellington en 1932 en una de sus más memorables canciones: “It don’t mean a thing if it ain’t got that swing” (la música no vale nada si no lleva ese swing, ese ritmo que invita a mover el cuerpo y bailar). Sabia advertencia que remata con un marchoso “doo-ah, doo-ah, doo-ha, doo-ah, doo-ah”.
Jumpin the shark

06/05/2012

Texto de John W. Wilkinson
Jumpin the shark
Hay tantas series de televisión tan buenas y con índices de audiencia tan elevados, que cuesta creer que quede alguien con tiempo entre capítulo y capítulo para dedicarse a otras actividades como leer un libro o atender a los tuits y los e-mails. Por no hablar de salir a tomar una caña con los amigos. Crean, en definitiva, una formidable adicción.

Tras estar con el mono durante año y medio, los aliviados forofos de Mad Men (al menos, en Estados Unidos) vuelven a adentrarse en el proceloso mundo de Don Draper y su agencia de publicidad, que ha provocado una nueva oleada de madmenmanía a escala nacional. Se ha disparado la cantidad de gente que se viste y se peina como los personajes de la serie; aunque es de esperar que ninguno alcance el nivel de consumo de tabaco y alcohol de sus héroes.

Ahora bien, puesto que se trata de la quinta temporada, no todos los fans comparten el mismo grado de entusiasmo. Hay incluso quien cree que hace ya tiempo la serie registró el momento crítico conocido como jumping the shark (saltar sobre el tiburón). Esta curiosa locución procede de Happy Days, una exitosa serie de los 70 de larga duración que de pronto dejó de enganchar a sus seguidores. Los guionistas, desesperados, hicieron que el protagonista fuera a Los Ángeles y saltara sobre un tiburón mientras practicaba el esquí acuático. La escena no surtió el efecto deseado, y todo el mundo daba la serie por acabada. ¿Ha saltado el tiburón Mad Men?
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