Talking drums

26/02/2012

Texto de John W. Wilkinson
Talking drums
Al final del último año, dio la vuelta al mundo la triste noticia de la muerte de la supuestamente octogenaria mona Chita, la de las viejas películas de Tarzán. Ya se sabe: en el cine, todo es falso. Empezando por esa peculiar manera de expresarse del propio Tarzán, por no hablar de la destreza de Jane a la hora de apañárselas como ama de casa encaramada a una rama en medio de la selva. Luego está el incesante y diabólico ritmo de los amenazantes tambores que los nativos empleaban a modo de telégrafo primitivo.

¿Se trata de un invento de Hollywood para los filmes ambientados en África? La respuesta es no: realmente existieron los talking drums (tambores parlantes).

Por desdicha, sólo un europeo logró descifrar ese misterioso lenguaje, antes de que desapareciera para siempre. Ese europeo, el misionero inglés John Carrington, publicó sus conocimientos en The Talking Drums of Africa (1949). Se basaba en imitar con los tambores los sonidos tonales de lenguas como el kele de Congo, que, lejos de ser una tontería de nativos asilvestrados, era un rápido (hasta cien kilómetros por hora) y sofisticado medio para transmitir información, que anticipó desde el código Morse, pasando por el telégrafo, el teléfono e incluso –o sobre todo– la informática. Sin duda, contiene esta historia muchas enseñanzas para los hombres del futuro, inclusive en cuanto a la vida y milagros de la (supuesta) mona Chita o las andanzas de Tarzán y Jane.
Vendors & peddlers

19/02/2012

Texto de John W. Wilkinson
Vendors & peddlers
En todo lo relativo a la economía, hay dos actividades fundamentales: comprar (to buy en inglés) y vender (to sell). El secreto es saber cuándo y por cuánto. El empleado que se dedica a la venta de mercancías en una tienda es un dependiente, que en inglés se dice salesman, término que se aplica también a los viajantes, representantes o, últimamente, comerciales. De una u otra manera, se trata de empleados de una empresa, incluso cuando sus ingresos sean poco más que una escueta comisión por el género vendido. No es tarea fácil, máxime en tiempos de penuria. Ahí está la obra de Arthur Miller Death of a Salesman (Muerte de un viajante) para verificarlo.

Pero la economía ofrece más posibilidades. También están los vendors (vendedores ambulantes) o pushcart vendors, aquellos tipos que habitan tanto las películas como la realidad, vendiendo perritos calientes que sacan de sus carritos con ruedas.

Los peddlers, que son muy similares a los vendors, van vendiendo por su cuenta cualquier cosa (incluso drogas) de puerta en puerta. Se calcula que en 1925 había treinta mil personas en Nueva York que se ganaban la vida de esta manera. Casi todos eran inmigrantes de Europa Central. El alquiler de un carrito por un día costaba veinte céntimos. En 1936, Fiorello LaGuardia, el alcalde, decidió arrumbarlos, y, con fondos procedentes del new deal, los metió en espacios cerrados. Quizá ahora vuelvan a tomar la calle.
Fair play

12/02/2012

Texto de John W. Wilkinson
Fair play
Todo el mundo sabe que fair play quiere decir en español juego limpio; al menos, esta es la traducción que se suele dar a esta expresión inglesa, sin cuestionar, ni mucho ni poco, si es acertada. En gran medida lo es, máxime en lo referente a los deportes, aunque no siempre. Se abre un resquicio de duda al hacer la traducción al revés, ya que el resultado es clean play, que no es lo mismo, incluso en el caso de que existiera como frase hecha en inglés. Dicho de otra manera, clean y fair no son sinónimos. Por tanto, el fair play no es necesariamente clean. Y es que el adjetivo fair, entre otras muchas cosas, señala hacia lo que es justo, razonable u honrado.

Una guerra, por ejemplo, puede ser fair sin al mismo tiempo considerarse just. Una cosa es jus ad bellum (el derecho que tiene un Estado a declarar una guerra), y otra, jus in bello (la ética militar exigible durante el conflicto). Estos conceptos son extensibles a una rebelión, pues hay que distinguir entre ius ad rebellionem e ius in rebellione.

Es más, el contrario de fair play no es necesariamente unfair play (juego injusto), sino dirty o foul play (juego sucio). En fin, tal vez los anglohablantes tendrían que sopesar sustituir el fair play por clean play; lo que permitiría a los hispanohablantes olvidarse del equívoco anglicismo de marras. Bien, se dice que todo vale (all’s fair) en el amor y la guerra. ¿Es así?
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