Los pasajeros permanecen en sus asientos con los cinturones abrochados. Pasa media hora sin que se mueva el aparato. Hay nerviosismo, alguna protesta. Además de sonreír, los miembros de la tripulación no saben qué hacer. Finalmente, al cabo de más de una hora de tensa espera, la voz del capitán explica que no podrán despegar hasta que el aeropuerto de Heathrow le conceda un slot. Pues ya está, queda perfectamente explicado. ¿O no? La segunda hora de espera dará tiempo para darle vueltas a eso del slot, un anglicismo que se refiere a la franja horaria asignada a las aerolíneas para sus aterrizajes y despegues. En el mundo de la televisión, cada programa es un slot u hora de emisión. Pero aún hay más: los ordenadores también cuentan con slots, ranuras en las que se pueda insertar nuevas tarjetas. John W. Wilkinson