Al llegar un empresario español a su hotel en Tokio tras un largo vuelo, lo único que quería era dormir. Trató de cerrar las persianas, pero no hubo manera. Llamó a recepción; la señorita no hablaba castellano. Desesperado, se le ocurrió repetir a ésta una y otra vez SOS, SOS... hasta que, a los pocos minutos, su habitación se llenó como el camarote de los Hermanos Marx. Pese a que mucha gente cree que estas tres letras del código Morse son las siglas de
save our souls (salven nuestras almas) o save our ship (salven nuestra nave), la verdad es que fueron escogidas por ser fáciles de transmitir y difíciles de confundir. Sólo queda un problema: SOS. es una señal internacional de auxilio telegráfico; la señal oral es mayday (que viene del francés m’aidez) repetida tres veces consecutivas, como en las pelis. ¿Pero habría surtido el mismo efecto en el hotel de Tokio?