El novelista austriaco Hermann Broch certificó que la palabra “kitsch” nació en Munich alrededor de 1860, debido a que “un mínimo de valores éticos tenía que quedar encubierto por un máximo de valores estéticos, pues todo valor estético que no nace de un principio ético es justamente lo contrario, esto es, kitsch”. Ahora, el Diccionario panhispánico de dudas lo define como “estética caracterizada por la mezcla de objetos heterogéneos pasados de moda y que se considera de mal gusto”. Cursi y recargado son otros adjetivos que se le suele atribuir, aunque quizá fuera Milan Kundera quien dio en el blanco al afirmar que el kitsch no es sino “la más absoluta negación de la mierda”. Con todo, la proliferación de esta voz en nuestra sociedad demuestra, como decía Broch, que lo kitsch no puede existir ni persistir sin el individuo kitsch.