Palabra de Confucio

03/08/2008

Texto de John W. Wilkinson
Palabra de Confucio
Si ocho lustros de estudios, viajes y esfuerzo no han logrado convertir el inglés en la segunda –o tercera– lengua de los españoles, ¿qué se puede esperar de la enseñanza del mandarín, el llamado idioma del futuro? ¿Será verdad ese anuncio que te promete aprender el chino en cuarenta días?
Desde finales del siglo XVI y durante todo el XVII, los jesuitas enviaron a China algunos de sus sacerdotes más brillantes, quienes, además de dominar el griego y el latín, estaban versados en filosofía, matemáticas, astronomía y teología. Aun así, no lo tuvieron fácil. Incapaz de hallar una palabra o concepto que expresara en chino la idea de Dios, se suicidó en 1628 el jesuita Nicolas Trigault. Muchos de sus compañeros se vieron obligados a echar mano a intérpretes en el confesionario. En fin, tanto esfuerzo evangélico estaba condenado al fracaso. China ofrece ahora a Occidente una segunda oportunidad.
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30 de noviembre
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