A petición de la reciente iniciativa “Apadrina una palabra en vías de extinción”, el presidente Rodríguez Zapatero optó por “andancio”, un término de su León natal que se refi ere a “una enfermedad epidémica leve”. Para que no caiga en el olvido esta hermosa palabra sólo hay que aguardar la oportunidad para emplearla con naturalidad en una conversación. Los escolares británicos aprendieron durante mucho tiempo que la palabra más larga de su lengua era “antidisestablishmentarianism”, un movimiento político pro separación de la Iglesia y el Estado. Y pese a sus 28 letras, no cuesta guardarla enterita en la memoria. Otra cosa es saber cuándo utilizarla. Seguro que el aplicado hablante del globish sabrá obrar el milagro.