Originalmente, “freak” signifi caba un capricho o antojo, pero a partir del XVIII también se refería a un capricho de la naturaleza, como una vaca con dos cabezas. Un siglo después, incluía a las personas con alguna malformación física que eran exhibidas en los circos. “Freaks” (1932), la película de Tod Browning, capta ese mundo terrible. Después de la Segunda Guerra Mundial, “freak” había devenido sinónimo de “drogata”. Pero su momento de gloria llegó en los años 60 con los hippies, el LSD y el cómic “Fabulous furry freak brothers” (1968), de Gilbert Shelton, que lo dejaron a un paso de designar a cualquier persona extravagante. En los últimos tiempos, unos cuantos frikis han encontrado en la televisión de madrugada un potente caldo de cultivo.