Antes de franquear la puerta que da a la Cámara Baja del Parlamento británico, hay un espacio conocido como el “lobby” en el que, desde hace siglos, el público puede, al menos en principio, abordar a los diputados. La palabra acompañó a los ingleses que emigraron al otro lado del Atlántico, que, además de usarla para referirse a la entrada de un edifi cio tipo hotel o teatro, bautizaron con este nombre el vestíbulo del Congreso, que convirtieron en un hervidero de intrigas y cabildeos. De modo que “lobby” ha llegado a signifi car “grupo de personas infl uyentes que presionan a favor de determinados intereses” –o sea, un grupo de presión–, y “lobbyist” es la persona que se dedica a estos menesteres.