True Grit

01/05/2011

Texto de John W. Wilkinson
True Grit
La publicación en 1968 de True Grit, la novela de Charles Portis, fue un bombazo editorial. La historia de cómo Nattie Ross, una chica de catorce años, procura vengar el asesinato de su padre a manos de un desgraciado llamado Tom Chaney tocó la fibra sensible de una sociedad convulsa y dividida por la guerra de Vietnam, amén de las  protestas de los movimientos alternativos. La película de Henry Hathaway basada en la novela arrasó al año siguiente, en 1969, con John Wayne en el papel de Rooster Cogburn, el viejo tuerto que Nattie contrata para que encuentre a Tom Chaney. Como Valor de ley llegó a las pantallas españolas.

Cuarenta años más tarde, ha regresado True Grit, esta vez de la mano de Joel y Ethan Coen; el tuerto, encarnado por Jeff Bridges. Y ha vuelto a triunfar. Quizá porque, una vez más, este relato repercute en una sociedad convulsa, dividida y desorientada. La joven Nattie contrata a Rooster Cogburn precisamente porque está convencida de que posee true grit, siendo true verdadero y grit, valor, firmeza, entereza, que es lo que cada vez más la gente exige a los líderes encargados a sacar el mundo de tantas crisis, guerras e injusticias. Sin embargo, tanto si lo posee como si no, Cogburn no es más que un mercenario que busca al asesino a cambio del dinero que le paga una niña huérfana.

Pese al paso del tiempo y el haber encajado infinidad de balazos, el western se resiste a morir. Por algo será
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20 de mayo
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