Disimular con el móvil

30/11/2008

Texto de Vicky Vilches
Ilustración de Mikel Jaso
Disimular con el móvil
No sólo lo hacen los famosos en los aeropuertos cuando atisban reporteros del corazón. Son cada vez más los ciudadanos que fingen a menudo hablar por el móvil o teclear en su blackberry cuando en realidad no hay nadie al otro lado de la línea. Del fenómeno da cuenta Gina Hughes en el reputado blog The Techie Diva. La tendencia tiende su propio nombre: communifake, neologismo resultante de unir las palabras comunicación y fake, falso, engaño, en inglés.
Según informaciones del citado blog, el grupo de edad comprendido entre los 18 y los 24 años es el más propenso a comportarse como un falso comunicante, con un 75 por ciento de los jóvenes que confiesa utilizar el móvil de vez en cuando con este motivo. Pero una cosa es hacerse el sueco y pretender que estamos ocupados ante la aparición del pesado de turno y otra más preocupante indagar en la verdadera motivación de los comunifakers. Aparentar una vida social activa en todo momento es una de las razones que empujan a simular con el móvil. Al parecer, la actitud de no hacer nada, de estar simplemente esperando a alguien, transmite una imagen de fracaso que muchos jóvenes desean evitar.
Fiestas de oro

16/11/2008

Texto de Vicky Vilches
Ilustración Mikel Jaso
Fiestas de oro
“Me empezaron a gustar las joyas que me regaló mi ex marido cuando vi todo lo que podían pagarme por ellas.” Aunque es una frase digna de la inolvidable Blanche Devereaux (de la serie Las chicas de oro), se le atribuye a una norteamericana anónima de las que ahora engrosan las listas de las nuevas chicas de oro. En Estados Unidos proliferan las reuniones de mujeres en formato tupperware, salvo que ahora no hay que comprar recipientes de plástico sino reunirse con unas amigas o conocidas y llevar a casa de una de ellas el pequeño joyero personal más o menos nutrido de aquello que no nos interese guardar. Una tarde divertida, la presencia de un perito de una empresa de compraventa de oro y un buen cheque en lugar de nuestras viejas alhajas garantizan el éxito del formato en época de crisis financiera. La anfitriona se lleva el diez por ciento de lo recaudado, e internet ayuda a hacer más fácil las convocatorias. Sitios como www.mygoldpartyma.com ayudan en la tarea. Parece que no es época de fiestas de bótox sino de fiestas de oro. ¿O usarán el dinero del oro para pagar el bótox?
Dedos de monopatín

09/11/2008

Texto de Mònica Artigas
Ilustración Mike Jaso
Dedos de monopatín
Hacer skate sin moverse del asiento, sin patearse las aceras de la ciudad, sin llevar gorra ni zapatillas contundentes y sin escuchar en los auriculares música ad hoc para tal actividad no sólo es posible sino que además, está de moda. Se trata del fingerskate, una disciplina que no es nueva –se dice que en 1979 ya se practicaba en Alemania–, pero que últimamente, a partir del extendido uso del skate y, sobre todo, entre los mismos skaters, está creando verdaderos adictos que se encuentran, practican, se apuntan a campeonatos y cuelgan vídeos en YouTube para mostrar al mundo su pericia, que no es poca. La clave del fingerskate –también llamado fingerboarding– es una réplica en miniatura de un skateboard sobre la cual se colocan los dedos índice y corazón. Con ellos se mueve y se hace saltar la tabla en escenarios de lo más variopinto: desde rampas caseras hechas con tablas de madera y montones de libros hasta verdaderas maquetas de ciudades con aceras, escaleras y pasamanos. Tras muchas horas de práctica –parece fácil, pero no lo es en absoluto–, el buen fingerskater podrá realizar un ollie –salto– un shove it –salto con giro de 180 grados– o un back side –giro de 180 grados sin separar los dedos de la tabla–, entre otros muchos trucos. Llegados aquí, el espectáculo está garantizado.
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