Todo a 0 euros

18/05/2008

Texto de Vicky Vilches
Ilustración de Mikel Jaso
Todo a 0 euros
Las gangas ya no están mal vistas; todo lo contrario. Lograr la tarifa más barata en una aerolínea o un hotel es una buena prueba de ser un comprador inteligente (smart consumer) y no un rancio pesetero. Pero si el adulto ha entrado en la mentalidad de pagar lo menos posible, los jóvenes crecidos en internet apuestan directamente por el concepto de gratis total. En el mundo digital, la información, la música y el ocio; sus espacios personales y sus redes sociales se basan en la idea del todo a 0 euros, y esta mentalidad tendrá consecuencias en su perfil de consumidores en el mundo real. Los costes irrisorios de los servicios en internet y los nuevos postulados de la economía de la atención se encargarán de hacer el resto. El móvil es gratis si usted acepta publicidad; el pasaje de la compañía low cost no cuesta nada si paga todos los servicios adicionales (prioridad de embarque, facturación de equipaje) pues el precio ocupará un factor clave en el marketing de productos y servicios. Pero incluso el día de mañana, pronostican los expertos, existirán vuelos gratuitos. Aviones que fletarán compañías de ropa o bebidas para dar a conocer sus productos a los pasajeros. Ellos pagarán el billete a cambio de atraer nuestra atención, la auténtica moneda de cambio en la economía de la abundancia y el nuevo medio de pago para los jóvenes. El gurú Chris Anderson desvela las claves de la economía de lo gratis o freeconomics en la revista Wired y anuncia libro para el próximo año con el previsible nombre de Free (gratis), una palabra llamada a ser repetida hasta la saciedad.
Con el bebé a la oficina

04/05/2008

Texto de Laia Jardí
Ilustración de Mikel Jaso
Con el bebé a la oficina
Primero fueron las medias jornadas; luego, las guarderías en las empresas. El eterno dilema de conciliar el trabajo con la familia, especialmente cuando nace un hijo, encuentra ahora otra polémica solución: traerse al bebé a la oficina y, si hace falta, hasta a las reuniones. Se trata de poder pasar más tiempo con él y, de paso, incorporarse antes al trabajo –con niño incluido– hasta que pueda gatear. ¿Práctica inusual? No tanto como parece. En EE.UU. son más de 80 las multinacionales que permiten instalar el retoño junto al ordenador: desde aseguradoras y bufetes de abogados a bancos o agencias de publicidad. En el 2007, la cifra de empresas que se sumó a esta práctica creció un 29%, siete puntos más que el año anterior, según la Sociedad para la Gestión de los Recursos Humanos. En ciertos casos, hasta ofrecen despachos a los padres o salas para amamantar. Los expertos en productividad arquean las cejas ante la práctica, pensando que el balbuceo del bebé puede resultar molesto. Para otros, la opción beneficia a quienes tendrían que dejar al pequeño con un canguro y refuerza los lazos de lealtad con la empresa. Otros lo consideran una distracción para los padres y sus compañeros y un ambiente inadecuado para el bebé. Mientras el debate continúa, multinacionales de este lado del Atlántico se interesan ya por la idea.

Lo último

El self-service digital

27/04/2008

Texto de Vicky Vilches
El self-service digital
Se avecina el fin del servicio al cliente tal y como lo entendemos hoy  y su paulatina sustitución por quioscos informatizados y todo un sector en auge de los nuevos self-services basados en la tecnología red. Así lo entiende el semanario norteamericano Time, que ilustra numéricamente sus predicciones: el gasto en quioscos de autoservicio automatizados pasará de los 438 millones del 2006 a 1,3 billones en el 2011. La citada revista se apoya en numerosos y jugosos ejemplos. El próximo verano, Alaska Airlines abrirá la primera terminal sin mostradores del mundo: sólo islotes de máquinas donde realizar uno mismo el check-in. La cadena de alimentación Fresh and Easy ya no dispone de cajeras. IBM ha dotado en Malasia a una cadena de restaurantes de sushi con pantallas de ordenador táctiles conectadas directamente con la cocina: adiós a los camareros. En Pensilvania ya funciona algún hospital que utiliza quioscos automatizados en las salas de emergencias. Simplemente hay que señalar en la pantalla la parte del cuerpo donde uno tiene la dolencia. El ahorro de costes no es el único motivo que sustenta esta macrotendencia. La separación entre el lugar físico del servicio y el sitio donde lo recibimos está detrás de este importante cambio. ¿Tiene la sensación de que cuando pide el menú en el McDonald’s sin salir del coche en un drive-in la chica de la ventanilla grita por el pinganillo a su compañera al otro lado del teléfono? No le extrañe, quien recibe el encargo y lo teclea en un ordenador para que lo lean en la cocina tal vez se encuentre a dos mil kilómetros de su BigMac.
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