Primero fueron las medias jornadas; luego, las guarderías en las empresas. El eterno dilema de conciliar el trabajo con la familia, especialmente cuando nace un hijo, encuentra ahora otra polémica solución: traerse al bebé a la oficina y, si hace falta, hasta a las reuniones. Se trata de poder pasar más tiempo con él y, de paso, incorporarse antes al trabajo –con niño incluido– hasta que pueda gatear. ¿Práctica inusual? No tanto como parece. En EE.UU. son más de 80 las multinacionales que permiten instalar el retoño junto al ordenador: desde aseguradoras y bufetes de abogados a bancos o agencias de publicidad. En el 2007, la cifra de empresas que se sumó a esta práctica creció un 29%, siete puntos más que el año anterior, según la Sociedad para la Gestión de los Recursos Humanos. En ciertos casos, hasta ofrecen despachos a los padres o salas para amamantar. Los expertos en productividad arquean las cejas ante la práctica, pensando que el balbuceo del bebé puede resultar molesto. Para otros, la opción beneficia a quienes tendrían que dejar al pequeño con un canguro y refuerza los lazos de lealtad con la empresa. Otros lo consideran una distracción para los padres y sus compañeros y un ambiente inadecuado para el bebé. Mientras el debate continúa, multinacionales de este lado del Atlántico se interesan ya por la idea.