Elegir la última morada ya no se reduce a la disyuntiva entre la lápida o la urna crematoria. Varias empresas de Estados Unidos, Rusia y China ofrecen la posibilidad de incluir unos gramos de cenizas del difunto en sus viajes espaciales, esparcirlas fuera de la atmósfera o guardarlas durante un tiempo en satélites orbitales para que den vueltas alrededor de la Tierra. “Esa estrellita de allí arriba es el abuelito”, podrán decir los papás sin traicionar a la verdad. Para quienes decidan quedarse entre nosotros después de muertos de forma ecológicamente correcta surgen los féretros de cartón reciclado, mimbre, bambú y otros materiales biodegradables. Un biólogo suizo ha patentado un método de descomposición aeróbica para que los restos humanos puedan servir de abono en las llamadas cremaciones ecológicas. Y en esta línea, una propuesta digna de una película de Tim Burton.Bio Self Regenerating Man es más parecido a un tiesto que a una urna. Las cenizas se introducen en un recipiente con tierra y semillas de un árbol. El entierro es un paso en un ciclo de regeneración biológica más amplio.