La vieja reivindicación de “un cuarto propio” formulada por Virginia Woolf en clave feminista, ha adquirido una dimensión radicalmente distinta en estos tiempos hipermodernos. Las parejas a la última quieren compartir techo pero también quieren conservar sus respectivas habitaciones, una tendencia que ya se está observando en Estados Unidos. Porque lo del sexo, en Nueva York y en todas partes, está muy bien, pero lo que realmente necesitan los hiperconectados, hipercompetitivos e hiperestresados cachorros del nuevo capitalismo son horas de sueño. Los DINK (dos sueldos ningún hijo) propios del yuppismo están siendo paulatinamente sustituidos por los DINS, acrónimo inglés de Double Income, No Sex. Las parejas que en los felices ochenta se dedicaban a trabajar y disfrutar de la vida a base de sumar dos sueldos y no ejercer la siempre gravosa paternidad, han sido sustituidas por parejas que optan por la descendencia y se ven obligadas a hacer renuncias en otras facetas de sus ocupadísimas agendas vitales. Los DINS no se han vuelto cartujos, simplemente no son superhéroes. Acaba la faena y cada uno a su cuarto a ganar horas de sueño.