Primero conquistaron los muros urbanos, ahora alcanzan cifras de escándalo en subastas… y llegan al salón de las casas. Gracias a grafiteros como el británico Banksy, cuyas obras han codiciado celebrities como Angelina Jolie y Brad Pitt, las ilegales pinturas en los muros mueven cada vez más dinero. A mediados de enero, una pintada en una fachada de la londinense Portobello Road se vendió por 208.100 libras. Unos meses antes había aparecido, en la pared de la productora de Luti Fagbengle, la palabra Banksy junto al dibujo de un pintor de aire bohemio. Fagbengle tuvo vista: ofreció obra y muro en el portal de internet eBay y se embolsó un dineral. Banksy juega con la baza de que nadie conoce su identidad. Se dice que ni su madre sabe que él es el autor de subversivas obras como los paraísos pintados en el muro que separa Israel de los territorios palestinos. Algunos lo consideran un crítico. Otros, un delincuente que destruye paredes o invade zoológicos, como el de Barcelona, donde grafiteó I’m sick of fish (estoy harto del pescado) en la valla de los pingüinos. Sea por el poder del anonimato o sus mensajes antisistema, sus pintadas cotizan al alza: en febrero, una de ellas se adjudicó por casi dos millones de dólares en Sotheby’s de Nueva York.