Estudian el terreno y eligen el lugar para actuar: un pedazo de tierra de dominio público abandonado, una jardinera seca, una rotonda yerma, una maleza. Llegan con sus mejores armas: semillas, plantas, agua, tierra, abono. Cada vez son más y mejor organizados. Son los miembros de un movimiento mundial, la guerrilla gardening, que da sus primeros pasos en nuestro país. La jardinería de guerrilla o política recurre a la acción directa y no violenta para reivindicar los derechos del suelo público, la sostenibilidad, el bienestar y la belleza de barrios y ciudades tomados por el hormigón y el asfalto. Surgió hace años en el mundo anglosajón como actividad de los ecologistas y hoy conoce miles de seguidores profesionales y amateurs en todo el mundo occidental, con Londres como una de las ciudades de referencia. A veces actúan de noche en lugares abandonados o descuidados; otros lo hacen a plena luz del día para darse a conocer. Pero es en la red donde hallan su mejor plataforma de acción. Allí se citan, se organizan en brigadas de jardineros locales y publican el resultado de sus plantadas. Su referencia indiscutible es
www.guerrillagardening.org, pero hay cientos de páginas y blogs que dan cuenta de su actividad.