Calorías a la vista

25/05/2008

Texto de Laia Jardí
Ilustración de Mikel Jaso
Calorías a la vista
Llegas a aquel restaurante que tanto te gusta dispuesto a degustar un buen filete. Un día es un día. Junto a la descripción del plato –filete al estilo mignon y espárragos con patatas dulces–, aparece una nueva cifra: 484 calorías, una cuarta parte de las dos mil recomendadas a diario. Piensas en el cruasán de más que te tomaste a media tarde (320 calorías) y no te parece tanto. Pero empiezas a sumar y surgen las dudas. ¿Necesita nuestra salud que, también en el restaurante, nos recuerden las calorías de cada alimento que comemos? Eso parece, por lo menos en Nueva York, donde una ley está a punto de obligar a las cadenas de restauración con más de quince sucursales a señalar la ingesta energética de sus manjares. ¿El objetivo? Aumentar la conciencia de lo que se come para así reducir la obesidad. A partir de este mismo mes, McDonald’s deberá poner por escrito que un Big Mac con patatas fritas y una coca-cola light suman 1.130 calorías. Starbucks, que cuenta con más de setenta cafeterías en España, ya ha empezado a predicar con el ejemplo: un caffe latte, 220 calorías; un chocolate con leche, 400. Como respuesta, la Asociación de Restaurantes de Nueva York ha apelado a los tribunales para que frenen la implantación de la nueva ley, que podría sentar un precedente para que otras ciudades se apunten a la iniciativa. De momento, a más de uno la suma de calorías le impedirá degustar ciertos platos sin preocuparse de sus efectos.
Todo a 0 euros

18/05/2008

Texto de Vicky Vilches
Ilustración de Mikel Jaso
Todo a 0 euros
Las gangas ya no están mal vistas; todo lo contrario. Lograr la tarifa más barata en una aerolínea o un hotel es una buena prueba de ser un comprador inteligente (smart consumer) y no un rancio pesetero. Pero si el adulto ha entrado en la mentalidad de pagar lo menos posible, los jóvenes crecidos en internet apuestan directamente por el concepto de gratis total. En el mundo digital, la información, la música y el ocio; sus espacios personales y sus redes sociales se basan en la idea del todo a 0 euros, y esta mentalidad tendrá consecuencias en su perfil de consumidores en el mundo real. Los costes irrisorios de los servicios en internet y los nuevos postulados de la economía de la atención se encargarán de hacer el resto. El móvil es gratis si usted acepta publicidad; el pasaje de la compañía low cost no cuesta nada si paga todos los servicios adicionales (prioridad de embarque, facturación de equipaje) pues el precio ocupará un factor clave en el marketing de productos y servicios. Pero incluso el día de mañana, pronostican los expertos, existirán vuelos gratuitos. Aviones que fletarán compañías de ropa o bebidas para dar a conocer sus productos a los pasajeros. Ellos pagarán el billete a cambio de atraer nuestra atención, la auténtica moneda de cambio en la economía de la abundancia y el nuevo medio de pago para los jóvenes. El gurú Chris Anderson desvela las claves de la economía de lo gratis o freeconomics en la revista Wired y anuncia libro para el próximo año con el previsible nombre de Free (gratis), una palabra llamada a ser repetida hasta la saciedad.
Con el bebé a la oficina

04/05/2008

Texto de Laia Jardí
Ilustración de Mikel Jaso
Con el bebé a la oficina
Primero fueron las medias jornadas; luego, las guarderías en las empresas. El eterno dilema de conciliar el trabajo con la familia, especialmente cuando nace un hijo, encuentra ahora otra polémica solución: traerse al bebé a la oficina y, si hace falta, hasta a las reuniones. Se trata de poder pasar más tiempo con él y, de paso, incorporarse antes al trabajo –con niño incluido– hasta que pueda gatear. ¿Práctica inusual? No tanto como parece. En EE.UU. son más de 80 las multinacionales que permiten instalar el retoño junto al ordenador: desde aseguradoras y bufetes de abogados a bancos o agencias de publicidad. En el 2007, la cifra de empresas que se sumó a esta práctica creció un 29%, siete puntos más que el año anterior, según la Sociedad para la Gestión de los Recursos Humanos. En ciertos casos, hasta ofrecen despachos a los padres o salas para amamantar. Los expertos en productividad arquean las cejas ante la práctica, pensando que el balbuceo del bebé puede resultar molesto. Para otros, la opción beneficia a quienes tendrían que dejar al pequeño con un canguro y refuerza los lazos de lealtad con la empresa. Otros lo consideran una distracción para los padres y sus compañeros y un ambiente inadecuado para el bebé. Mientras el debate continúa, multinacionales de este lado del Atlántico se interesan ya por la idea.
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