13/05/2012
En lo más íntimo
Valérie Delafosse
Texto de Aurora Segura
Considerada una de las marcas top en ropa de baño y lencería de lujo, la firma Eres prefiere que sus prendas se reconozcan por lo bien que sientan al cuerpo femenino. Lograr que la mujer se vea guapa y esbelta es uno de los objetivos de Valérie Delafosse, directora creativa desde el 2007, que la ha puesto al día, sin renunciar a la calidad ni a la elaboración artesanal

Valérie Delafosse tiene su refugio creativo en el centro de París, cerca de la plaza de La Bastilla. Allí piensa, dibuja los figurines y patrones y hace los prototipos de la lencería y el baño. Es un lugar íntimo y con mucha luz donde se elaboran los prototipos que más tarde se producirán.
Esta diseñadora le brillan los ojos cuando habla de la marca de la que es directora artística. Especializada en lencería y ropa de baño y fascinada por el cuerpo femenino, reconoce sentir un vínculo emocional con Eres que la remite a su adolescencia. “Recuerdo perfectamente los bañadores de esta marca que usaba mi madre y aún puedo visualizar el día que me llevó a la tienda de la plaza de la Madeleine de París a comprarme el primer traje de baño; tenía 14 o 15 años y me hizo sentirme mayor”. Por ese motivo Valérie Delafosse conocía muy bien cómo sujetaban y estilizaban la silueta femenina aquellos bañadores, algo en lo que sigue poniendo la máxima atención cuando diseña cada colección.
Formada en el prêt-à-porter, no dudó ni un instante cuando en el año 2000 se le presentó la oportunidad de ingresar en Eres como ayudante de su fundadora, Irène Leroux, que seguía al frente, aunque en 1996 la había adquirido el grupo Chanel. “A su lado aprendí muchas cosas”, asegura Delafosse, tanto, que incluso se atrevió a fundar su propia marca de baño junto con una amiga. Pero cuando le propusieron volver a Eres en el 2007 como directora creativa no puso ninguna objeción. Pertenecer a una compañía de lujo como Chanel “significa a la vez un gran privilegio, porque cuentas con muchos medios, y una enorme responsabilidad, ya que te obliga a estar a la altura de su calidad y prestigio”, apunta la creadora.
Eres fue el proyecto personal de Irène Leroux que, en mayo de 1968, pareció contagiarse del espíritu rebelde que movió a miles de jóvenes franceses a poner patas arriba muchos convencionalismos sociales, un paralelismo que le gustaba utilizar, y creó una firma que iba a revolucionar la moda de baño. Su primera aportación fue la de prescindir de los rellenos y ballenas incontestables en la corsetería y los bañadores de entonces; otra consistió en hacer estructuras de las prendas mucho más ligeras y dinámicas y también utilizar nuevos tejidos, como el elastano, descubierto no hacía mucho tiempo, que se adaptaban al cuerpo como una segunda piel y moldeaban la silueta.
Admiradora declarada de los méritos de su predecesora, Valérie Delafosse ha mantenido los estándares de calidad de materias, investigación y elaboración artesana que han dado fama a la marca, incorporando algunas aportaciones para mantenerse al día. Eres está considerada una firma de lujo y actualmente cuenta con 23 tiendas propias, tres de ellas en España, y casi 600 puntos de venta en todo el mundo.
Siempre resulta sorprendente la capacidad de innovar y marcar tendencia cuando se trata de algo tan diminuto e íntimo como la lencería o las prendas de baño. Pero eso no representa ningún problema para Valérie Delafosse, que asegura preferir este tipo de prendas al prêt-à-porter “porque me apasiona el cuerpo femenino”. No le obsesionan tanto la moda y las tendencias, aunque cada temporada propone nuevas ideas, porque considera que la estética debe estar al servicio de la comodidad. “Al plantearme una nueva colección, lo primero que decido es el color, este me conduce a una historia, y por último trabajo en la línea”.
La inspiración para las de esta temporada la adjudica a países de Oriente Medio, como Egipto o Yemen. “Incluso me disponía a viajar allí, pero, por desgracia, empezaron las revueltas y tuve que conformarme con recurrir a la lectura y la imaginación. Así que los he interpretado a mi manera: pacífica, estética e idílica”. De la tierra, de sus frutas, de las especias y las piedras preciosas y de su evocación de personajes míticos como Cleopatra o la reina Zenobia de Palmira –cita textualmente–, surgen prendas de tonos intensos con combinaciones de tejidos.
No deja de resultar curioso que ella, como una buena parte de los creadores, haya optado por tonos considerados alegres en una temporada que invita al pesimismo. “Será una forma de compensar las cosas negativas, un intento de engañar a la realidad, de dar algo de esperanza y proporcionar esos pequeños momentos de felicidad que te dan cosas sencillas como un color alegre o decirse ‘venga, vamos a comprarnos algo bonito’”.
Formada en el prêt-à-porter, no dudó ni un instante cuando en el año 2000 se le presentó la oportunidad de ingresar en Eres como ayudante de su fundadora, Irène Leroux, que seguía al frente, aunque en 1996 la había adquirido el grupo Chanel. “A su lado aprendí muchas cosas”, asegura Delafosse, tanto, que incluso se atrevió a fundar su propia marca de baño junto con una amiga. Pero cuando le propusieron volver a Eres en el 2007 como directora creativa no puso ninguna objeción. Pertenecer a una compañía de lujo como Chanel “significa a la vez un gran privilegio, porque cuentas con muchos medios, y una enorme responsabilidad, ya que te obliga a estar a la altura de su calidad y prestigio”, apunta la creadora.
Eres fue el proyecto personal de Irène Leroux que, en mayo de 1968, pareció contagiarse del espíritu rebelde que movió a miles de jóvenes franceses a poner patas arriba muchos convencionalismos sociales, un paralelismo que le gustaba utilizar, y creó una firma que iba a revolucionar la moda de baño. Su primera aportación fue la de prescindir de los rellenos y ballenas incontestables en la corsetería y los bañadores de entonces; otra consistió en hacer estructuras de las prendas mucho más ligeras y dinámicas y también utilizar nuevos tejidos, como el elastano, descubierto no hacía mucho tiempo, que se adaptaban al cuerpo como una segunda piel y moldeaban la silueta.
Admiradora declarada de los méritos de su predecesora, Valérie Delafosse ha mantenido los estándares de calidad de materias, investigación y elaboración artesana que han dado fama a la marca, incorporando algunas aportaciones para mantenerse al día. Eres está considerada una firma de lujo y actualmente cuenta con 23 tiendas propias, tres de ellas en España, y casi 600 puntos de venta en todo el mundo.
Siempre resulta sorprendente la capacidad de innovar y marcar tendencia cuando se trata de algo tan diminuto e íntimo como la lencería o las prendas de baño. Pero eso no representa ningún problema para Valérie Delafosse, que asegura preferir este tipo de prendas al prêt-à-porter “porque me apasiona el cuerpo femenino”. No le obsesionan tanto la moda y las tendencias, aunque cada temporada propone nuevas ideas, porque considera que la estética debe estar al servicio de la comodidad. “Al plantearme una nueva colección, lo primero que decido es el color, este me conduce a una historia, y por último trabajo en la línea”.
La inspiración para las de esta temporada la adjudica a países de Oriente Medio, como Egipto o Yemen. “Incluso me disponía a viajar allí, pero, por desgracia, empezaron las revueltas y tuve que conformarme con recurrir a la lectura y la imaginación. Así que los he interpretado a mi manera: pacífica, estética e idílica”. De la tierra, de sus frutas, de las especias y las piedras preciosas y de su evocación de personajes míticos como Cleopatra o la reina Zenobia de Palmira –cita textualmente–, surgen prendas de tonos intensos con combinaciones de tejidos.
No deja de resultar curioso que ella, como una buena parte de los creadores, haya optado por tonos considerados alegres en una temporada que invita al pesimismo. “Será una forma de compensar las cosas negativas, un intento de engañar a la realidad, de dar algo de esperanza y proporcionar esos pequeños momentos de felicidad que te dan cosas sencillas como un color alegre o decirse ‘venga, vamos a comprarnos algo bonito’”.

El confort es tan importante para Delafosse como la estética. Esta temporada dice haberse inspirado en los países de Oriente Medio, que ha traducido en formas y colores del baño y la lencería
En la segunda fase creativa, se concentra en las formas. “Tengo una cierta tendencia a recurrir a los grafismos y las líneas arquitectónicas. Hay prendas que me sugieren el lienzo de un pintor. Observe”, dice, al tiempo que muestra unos bañadores a los que ha denominado Bazar y que están compuestos por piezas de tejido de colores distintos. “En lugar de coserlas, hemos optado por soldarlas, porque sin costuras se evitan relieves y las prendas resultan mucho más cómodas y ligeras”. Precisamente la investigación de nuevas tecnologías, que contribuyen a mejorar la estética y, sobre todo, la confortabilidad, es una de sus obsesiones desde que se puso al frente de la firma. “Intento que todo tenga un estilo depurado, acabados muy limpios y que las prendas resulten livianas”.
Ve diferencias entre el baño y la lencería y las define con precisión: las primeras deben resultar atractivas al verlas de lejos; las de moda íntima, deben resistir un examen próximo y minucioso. También estas últimas, que se añadieron a la marca en 1998, ofrecen mayores posibilidades de diseño. “Se puede trabajar con encaje, tul, con tejidos transparentes u opacos, punto, seda, con bordados, con los tirantes, los acabados, hay muchos detalles con los que jugar”. En baño, los materiales están mucho más limitados.
Pero en uno y otro caso, manda la construcción técnica. “Como firma, se nos reconoce por ser extremadamente rigurosos con nuestros artículos y por la investigación. Los materiales desempeñan un papel básico”. Muchos de ellos son los mismos que impuso en la firma su fundadora, y que eran, explica Delafosse, revolucionarios para su época –peau douce, punto lumière, paracaídas son algunos de sus nombres–, y entre sus características, tiene muy en cuenta la elasticidad y capacidad de sujeción y también su facilidad de secado.
“Procuramos que las estructuras de las prendas favorezcan la estética femenina: bañadores cruzados y fruncidos a un lado que aplanan el vientre, o los palabra de honor con una tira fruncidora que simulan pecho para las mujeres que lo tienen pequeño, revela. “Al diseñar, me siento como un cirujano plástico, porque ambos intentamos embellecer a la mujer, sublimarla, conseguir que se sienta bien y más segura de sí misma”. Para ello, considera básico tener muy presentes las necesidades femeninas.
“Yo diseño pensando en mujeres reales y no en las modelos de pasarela. En las que tienen curvas, caderas pronunciadas, pechos grandes o muy pequeños”, y no sólo en las que exhiben el vientre completamente plano o unas piernas delgadas como palillos. Así lo reflejan sus catálogos. “Si se fija, muestra, fotografiamos a maniquíes con formas y no usamos Photoshop para suavizar sus curvas”. Lo que no impide que uno de los propósitos de sus diseños sea estilizar la silueta y hacerla más esbelta. En lencería, su prioridad es, afirma, “que la mujer se sienta como una bailarina a la que el traje acompaña en sus movimientos”.°
Ve diferencias entre el baño y la lencería y las define con precisión: las primeras deben resultar atractivas al verlas de lejos; las de moda íntima, deben resistir un examen próximo y minucioso. También estas últimas, que se añadieron a la marca en 1998, ofrecen mayores posibilidades de diseño. “Se puede trabajar con encaje, tul, con tejidos transparentes u opacos, punto, seda, con bordados, con los tirantes, los acabados, hay muchos detalles con los que jugar”. En baño, los materiales están mucho más limitados.
Pero en uno y otro caso, manda la construcción técnica. “Como firma, se nos reconoce por ser extremadamente rigurosos con nuestros artículos y por la investigación. Los materiales desempeñan un papel básico”. Muchos de ellos son los mismos que impuso en la firma su fundadora, y que eran, explica Delafosse, revolucionarios para su época –peau douce, punto lumière, paracaídas son algunos de sus nombres–, y entre sus características, tiene muy en cuenta la elasticidad y capacidad de sujeción y también su facilidad de secado.
“Procuramos que las estructuras de las prendas favorezcan la estética femenina: bañadores cruzados y fruncidos a un lado que aplanan el vientre, o los palabra de honor con una tira fruncidora que simulan pecho para las mujeres que lo tienen pequeño, revela. “Al diseñar, me siento como un cirujano plástico, porque ambos intentamos embellecer a la mujer, sublimarla, conseguir que se sienta bien y más segura de sí misma”. Para ello, considera básico tener muy presentes las necesidades femeninas.
“Yo diseño pensando en mujeres reales y no en las modelos de pasarela. En las que tienen curvas, caderas pronunciadas, pechos grandes o muy pequeños”, y no sólo en las que exhiben el vientre completamente plano o unas piernas delgadas como palillos. Así lo reflejan sus catálogos. “Si se fija, muestra, fotografiamos a maniquíes con formas y no usamos Photoshop para suavizar sus curvas”. Lo que no impide que uno de los propósitos de sus diseños sea estilizar la silueta y hacerla más esbelta. En lencería, su prioridad es, afirma, “que la mujer se sienta como una bailarina a la que el traje acompaña en sus movimientos”.°
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