Retratos de arquitectura sobre papel

Cuando retrató su primera casa, en 1936, Julius Shulman era un estudiante californiano desorientado que no podía imaginar que con aquel disparo decidía su profesión. El edificio en cuestión era una residencia privada, proyectada por Richard Neutra, que se convertiría en uno de los arquitectos racionalistas más importantes. Neutra quedó encantado con el modo en que el joven fotógrafo supo captar la esencia de la vivienda, y le pidió que retratara otras obras suyas. Fue el inicio de una colaboración que duró hasta la muerte del arquitecto, en los años setenta. Una amistad que, además, introdujo a Shulman en el mundo de las revistas especializadas, donde se le considera uno de los inventores de la fotografía arquitectónica.
“Jamás imaginé que esa primera foto iba a darme tanto”, afirma Julius Shulman en conversación telefónica desde Los Ángeles. “Cuando la hice, llevaba siete años en la Universidad de California y no tenía ni idea de qué iba a hacer con mi vida. Lo sorprendente fue que mi fotografía dio a los arquitectos más información sobre su trabajo de lo que ellos mismos sabían: fui capaz de ver lo que no veían.”
Lo cierto es que Shulman tenía algo, porque a lo largo de sus más de setenta años de carrera ha trabajado para algunos de los arquitectos más importantes del mundo, como Frank Lloyd Wright, Mies van der Rohe, Oscar Niemeyer, Frank Gehry y Rafael Moneo. “Entre estos grandes arquitectos hay un vínculo común, aunque no está en su obra, porque la de cada uno es distinta”, puntualiza. “Lo que encuentras en todos ellos es que aspiran a producir una arquitectura que funciona, quieren dar al público razones para desear.”
La época más prolífica de Shulman fueron los años cuarenta y cincuenta, décadas en las que en Los Ángeles se desarrolló el programa Case Study House, que quería demostrar que era posible construir viviendas de calidad y buen diseño con un bajo presupuesto. Sus imágenes de la California de esa época, con residencias de contundentes líneas rectas, salones con grandes ventanales, piscinas rectangulares y cocinas luminosas, son especialmente atractivas. “Eran tiempos más felices, la gente tenía optimismo, esperanza en el futuro, y la arquitectura reflejaba esa felicidad”, resume.
En los también felices sesenta, Shulman ya había convertido la fotografía en un frenético modo de vida que lo mandaba a retratar edificios y realizar fotos publicitarias por todo Estados Unidos. En 1985 creyó que ya era hora de retirarse, pero sólo dejó la cámara en reposo durante una semana.
Meticuloso y disciplinado, Shulman siempre ha tenido al día su enorme archivo, con más 250.000 imágenes en color y en blanco y negro. Con este tesoro se encontró el editor Benedikt Taschen en 1994, cuando conoció en persona al fotógrafo. Desde entonces son amigos, y Taschen ha producido varios monográficos dedicados a su obra. El último de ellos (Julius Shulman, Modernism Rediscovered), está dividido en tres grandes volúmenes que abarcan toda su obra. Porque, aunque está cerca de cumplir cien años, Shulman sigue trabajando. Además de los libros y alguna que otra sesión fotográfica, expone, da conferencias y atiende las peticiones de la prensa. Y confiesa que está disfrutando con este nuevo estatus de celebridad que le ha brindado Taschen. “Es una sensación fantástica”, afirma sin falsa modestia, “Mis fotos se muestran en muchos lugares, a la gente le gusta el modo en el que he plasmado la arquitectura, y eso me hace muy feliz”.






