05/03/2008

La última joya de Miralles

Texto de Begoña Corzo
Fotos de Paco Elvira
Una torre de veinte plantas de la que surge un imponente voladizo es la última obra póstuma de Enric Miralles, un arquitecto creativo y osado que convirtió en edificio el paisaje frente al mar de Barcelona
El edificio de la nueva sede de Gas Natural refleja todo el paisaje urbano que lo rodea gracias a una fachada recubierta con cristales ligeramente distorsionados, en cuatro tonos de azul
El arquitecto Enric Miralles veía desde su habitación en un hospital de Houston las nubes reflejadas en el edificio de enfrente. Estaba construyendo en Edimburgo el Parlamento de Escocia y tenía el encargo de levantar en Barcelona el que debía ser su primer edificio en altura, y aquellos reflejos decidieron la textura que tendría la piel de su único rascacielos. Miralles, uno de los mejores y más prometedores arquitectos españoles, fallecido en el 2000 a los 45 años, no llegó a ver acabadas algunas de sus principales obras (el Parlamento, el mercado de Santa Caterina en Barcelona), pero dejó planos, maquetas y directrices que su esposa y socia, Benedetta Tagliabue, ha hecho realidad. La última joya de su herencia es el edificio de Gas Natural.
Este edificio raro en el que se refleja Barcelona poco tiene que ver con la típica torre corporativa (ni con el concepto mismo de torre, de hecho) de las grandes empresas. Como muchas de las obras de Miralles, el edificio, recién inaugurado oficialmente, no tiene una lectura sencilla. Para empezar, no existe una fachada principal ni un eje de simetría: cada fachada es diferente y cambia según el punto de vista. Ni siquiera la altura aparente es la real, pues la torre principal, de 85 metros, tiene una cierta inclinación en sus aristas para conseguir un efecto de rascacielos. Pero lo que más impacta –mucho de lejos, pero más aún a sus pies– es la tensión visual de sus volúmenes descompuestos, en especial el voladizo de 35 metros de largo y seis plantas de altura que surge de la mitad de la torre como un portaaviones.
En 1999, el estudio Miralles-Tagliabue, EMBT, ganó el concurso de Gas Natural para levantar una nueva sede que albergara a sus cerca de mil empleados, distribuidos entonces en ocho edificios diferen tes. Su proyecto proponía “una roca esculpida por la fuerza del mar y cambiante como las llamas del fuego”, explica Tagliabue.
La fachada es una pantalla de vidrio tratado para que refleje el entorno distorsionándolo, a la manera de los primeros rascacielos de Houston, Dallas o Chicago. En el edificio se proyectan el mar, las torres de la Vila Olímpica, la ronda Litoral, el parque de la Ciutadella… y las nubes. “Miralles veía desde la habitación donde estaba ingresado en Houston un edificio que reflejaba el paso de las nubes. Envió una foto con un texto: ‘Quiero que tenga este efecto’”, revela Antoni Flos, director del proyecto por parte de Gas Natural.
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