05/03/2008

La última joya de Miralles

Texto de Begoña Corzo
Fotos de Paco Elvira
Una torre de veinte plantas de la que surge un imponente voladizo es la última obra póstuma de Enric Miralles, un arquitecto creativo y osado que convirtió en edificio el paisaje frente al mar de Barcelona
Vista de la recepción, con suelo de pizarra y paredes recubiertas con un mosaico de maderas con diferentes texturas.
Para la compañía, ha sido volver a los terrenos donde se ubicó la primera fábrica de gas de España hace 165 años, de la que queda como recuerdo la torre de aguas, de estilo modernista. “La empresa –explica Flos– quería un edificio en altura y emblemático pero que estuviera bien integrado en el barrio, sin constituir ninguna barrera arquitectónica.”
El estudio Miralles-Tagliabue proyectó una plaza pública que rodea los edificios y que permite pasar a través de sus diversos cuerpos. De hecho, una de las pocas variaciones respecto a la maqueta original fue dar más anchura al pasillo que conecta la entrada principal con el parque de la Barceloneta y el barrio.
El interior es muy sobrio y casi monacal. De hecho, el proyecto original aún lo era más, pues no preveía madera en los muros, que debían ser simplemente blancos. El espacio de oficinas es diáfano, en blanco y gris. Sin duda, nada podría competir con las espectaculares vistas de 360˚ sobre la ciudad de que goza el edificio. El aislamiento que proporcionan los ventanales cerrados se ha revelado, por cierto, como una las causas de un extraño síntoma de pérdida de grasa muscular que padecieron en los primeros meses dos centenares de trabajadores. Se trata de la lipoatrofia semicircular, que aparece en edificios con gran cantidad de cables bajo el suelo y escasa humedad ambiental, un problema que se ha resuelto con humidificadores y tomas de tierra en las mesas.
Desde la planta 18 de la torre, ubicada justo en los terrenos que ocupó la plaza de toros de la Barceloneta, se entiende mejor su volumetría diversa y se adivina el exhaustivo trabajo de Miralles con el paisaje urbano circundante, un elemento presente en todas sus obras, siempre buscando unir urbanismo y arquitectura. Valga como ejemplo que la forma del portaaviones no es caprichosa: está alineado con el edificio de viviendas que tiene delante.
Esta obra, ejemplo de vanguardia arquitectónica y signo de poder económico, es un nuevo icono para que la ciudad recuerde a Miralles, un arquitecto creativo y osado.
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